Es urgente repetir a veces ciertas frases cuando se trata de comprender. No está de más enfatizar aquello que ya dijimos en el capítulo trece: (del libro El misterio del aureo florecer) quiero referirme al alcohol. No hay necesidad de discutir largamente sobre los efectos del alcohol. Su mismo nombre árabe quiere decir sencillamente el Demonio...
Y que sea efectivamente un demonio o maléfico espíritu, cuando se posesiona del hombre, es evidente y fácilmente demostrable por sus efectos, que van desde la borrachera al delirium tremens y a la locura, consignándose en los descendientes bajo la forma de parálisis y otras taras hereditarias.
Es incuestionable que siendo un producto de desintegración, que se origina también en nuestro organismo, entre los que se eliminan por la piel, tiene una tendencia vibratoria disgregante, disolvente y destructora, secando nuestros tejidos y destruyendo las células nerviosas, las que gradualmente se hallan substituidas por cartílagos.
Resulta palmario y manifiesto que el alcohol tiende a eliminar la capacidad de pensar independientemente, ya que estimula fatalmente la fantasía, y de juzgar serenamente, así como debilita espantosamente el sentido ético y la libertad individual. Los dictadores de todos los tiempos, los tiranos, no ignoran que es más fácil gobernar y esclavizar a un pueblo de bebedores que a un pueblo de abstemios....
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