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21 marzo, 2026

El Dios Xochipilli


XochipilliXochipilli es el Dios Azteca del amor, la danza, las flores, el canto, la alegría, del placer, la danza y las canciones. También las noches de los viernes, los sabios aztecas pedían  a Xochipilli ayuda para solucionar los problemas relacionados con el karma.

El Maestro Samael Aun Weor en su libro: “Magia Crística Azteca”  afirma lo siguiente del Dios XochipilliLas Secretas Enseñanzas de los Nahuas.

En el Museo de Antropología e Historia de la ciudad de México, D.F., se halla Xochipilli sentado sobre un cubo de basalto bellamente tallado. Las rodillas en alto y las piernas cruz de  San Andrés, las manos con los pulgares índices contacto y la vista hacia el infinito. Grandes orejeras de Jade, coraza cuyo fleco termina en garras de tigre o colmillos de serpiente, sobre la cual, en el pecho, ostenta dos soles y sobre los soles dos medias lunas, pulseras y rodilleras le rematan en flor de seis pétalos, canilleras con garras que aprisionan sus tobillos, y sobre las canilleras dos campánulas  con las corolas hacia abajo arrojando seis semillas, una ellas y la otra fuego y cactli, cuyas correas se anudan graciosamente sobre sus pies.

Xochipilli, Xóchil, flor, pilli, principal. Dios de la agricultura, las flores, la música, el canto, la poesía, la danza, flores y cantos es lo más elevado que hay en la tierra pa­ra penetrar en los ámbitos de la verdad", enseñaban los tlamatinine en los Calmecac. Por eso toda su filosofía está te­ñida del más puro matiz poético. La cara de Xochipilli es impasible, pero su corazón rebosa de alegría.

Quetzalcóatl es el Cristo Cósmico que encarnó entre los Nahuas para enseñarles a vivir de acuerdo con las leyes de Dios, y para dar su mensaje de triunfo ("En el mundo ten­dréis aflicción: más confiad, yo he vencido al mundo). Juan 16:33, se desdobla en Xochipilli, quien en el pecho ostenta el símbolo de Gran Deidad. Las garras felinas del fleco de su coraza son las mismas garras que a los lados de la cara  de Tonatiuh destrozan corazones, símbolo del sacrificio de las emociones del Iniciado, sacrificio sin el cual no es posi­ble llegar a Dios.

La vulgo religión náhuatl celebraba la fiesta Xochihuitl, en  la cual, durante los cuatro días que la precedían, era obli­gatorio comer solamente panes de maíz sin sal una vez al día y dormir separados de sus mujeres los casados. Al quin­to día públicamente se ofrecía a Xochipilli danzas y cantos acompañados de Teponaxtli y tambores, ovación de flores recién cortadas y panes con miel de abejas, en los cuales se ponía una mariposa de Obsidiana, símbolo del alma del creyente.

Xochiquetzalli comparte al igual que Xochipilli (Diosa del Amor) cuya morada estaba en Tamoanchan, deposito de las aguas universales de vida, y que en  el hombre  son los zoospermos. "Lugar paradisiaco alfombrado de flores, de ríos y fuentesw azules, donde crece el  Xochiticacan, árbol maravilloso  que basta que los enamorados se paren bajo el cobijo de sus ramas, y toquen sus flores para que sean erternamente felices.

Jamás hombre alguno vio esta deidad, sin embargo los nahuas, la representaban joven y hermosa, con el cabello sobre sus espaldas y un gracioso fleco en la frente. Diadema de cuero roja trenzado de la cual salían hacia arriba pena­chos de plumas de Quetzal; aretes de oro en las orejas; joyel del mismo metal en la nariz; camisa azul bordada con flores y plumas multicolores; falda policromada y en sus manos dos ramos de fragantes rosas.

Su templo estaba dentro del templo Mayor de Tenochtitlan y aunque pequeño lucía tapices bordados, plumas preciosas y adornos de oro. Xochiquetzalli tenía poder para perdonar. A su templo iban las mujeres grávidas después de tomar un baño lustral para confesarle sus pecados y perdón y ayuda; pero si estos eran muy grandes, a los de la deidad se quemaba la efigie de la penitencia modelo en papel de ámate. (Ficus Petiolaris).

En los Calmecac, Calli, casa; mecatl, cuerda, lazo, corredor largo y estrecho en las habitaciones interiores de edificio, tenía lugar una ceremonia ofrecida a Xochipilli. Once niños, todos hijos de nobles, ejecutaban cantos y en círculo, en las cuales daban tres pasos hacia adelante tres pasos hacia atrás, seis veces, al mismo tiempo que ataban graciosamente sus manos. Un niño arrodillado frente al fuego que ardía en el altar oraba silenciosamente el pan de cada día, y otro niño permanecía parado en la entrada del templo haciendo guardia.

Esta ceremonia duraba tanto como las danzas ir les y debía celebrarse la primera noche que apareciera en el cielo la fina hoz plateada de la Luna Nueva. El director Calmecac, de pie entre el niño que oraba y los danzantes dando frente al altar, con el rostro impasible como el de Xochipilli, recogía las vibraciones de la oración infantil, las los cantos, las de las danzas, y levantando sus manos ras hacia el cielo, que ahora antojábase una flor, pronunciaba quedamente la mística e inefable palabra que designan que define y crea, y los niños pronunciaban en coro: Danter Ilomber Bir. "Si no os hiciereis como niños, no entra­réis en el reino de los cielos". (Mateo 18:2-4). Pero no glo­tones, díscolos, groseros como los niños, sino como ellos hu­mildes y confiados en sus padres que les dan todo lo que han menester.

Sabiduría es amor. Xochipilli mora en el mundo del amor, la música, la belleza. Su rostro sonrosado como la au­rora y sus rubios cabellos le dan una presencia infantil, ine­fable, sublime. El arte es la expresión positiva de la mente. El intelecto es la expresión negativa de la mente. Todos los Adeptos han cultivado las bellas artes. Los viernes de 10 p, m. a 2 a.m. se puede invocar a Xochipilli. El hace girar a favor de quienes se lo piden y lo merecen, la rueda de la re­tribución. Pero él cobra todo servicio, él no puede violar la Ley.

En el interior del Templo del Sol, los Caballeros Ocelotl y los caballeros Cuautli, ataviados con yelmos, en forma de cabezas de tigre y águila, todos con penachos de plumas de Quetzal en la nuca, símbolo de la lucha que en la tierra te­nían que sostener contra el mal; llevando en una de sus ma­nos un ramo de rosas y en la otra la macana forrada de piel de tigre y de plumas de águila, símbolo de poder; en sus muñecas brazaletes y en sus pantorrillas canilleras, ce­lebraban otra ceremonia el primer jueves de Luna Nueva. En ella había danzas y cantos rituales, y uno de los tlamatinine (espejo horadado, en sí mismo, órgano de contempla­ción, visión concentrada del mundo de las cosas), cerraba la ceremonia con la siguiente oración: "Señor por Quien vivi­mos, dueño del cerca y del lejos, con alegría te damos gra­cias por nuestro señor Quetzalcóatl, quien con el sacrificio de su sangre y la penitencia hizo que entrara en nosotros Tu Vida. Haznos fuertes como él, haznos alegres como él, haznos justos como él". Así sea, decían todos en coro.

Del libro “Magia Cristica Azteca” del V. Maestro Samael Aun Weor