Habéis vencido sutiles pruebas, ¡oh ARHAT! Entrad ahora, hermano mío, en la primera cámara santa que va del entrecejo al corazón. Habéis comenzado a unir la mente y el corazón. Entre ahora al templo, hermano mío, para celebrar la fiesta. Alégrate corazón, canta hijo mío... Al fin, después de tantos siglos... se va a unir la mente con tu corazón...
Canta, corazón, porque tu mente se ha humillado ante la majestad del ÍNTIMO. Canta, corazón, porque la mente avanza entre el fuego abrasador con dirección a ti... Canta, corazón, porque ahora la sabiduría se convertirá en amor...
Habéis entrado en la cámara santa del campo magnético de la raíz de la nariz... El templo está de fiesta, hijo mío, porque el barco de tu mente está volviendo desde la otra orilla a las playas inefables del Edén, donde los ríos de agua pura de la vida manan leche y miel...
Canta, corazón, canta, porque la casa rebelde de Israel se ha afligido y humillado ante su Dios... Canta, corazón... canta, porque tu barco velero avanza hacia el puerto de la luz... Canta, corazón, porque tu mente ya se liberto de toda clase de escuelas, religiones, órdenes, sectas, logias, aulas, conceptos de patria y de bandera, prejuicios, apetencias, temores, odios, envidias, intelectualismos, sofismas, teorías, etc.
El intelectualismo sólo puede conducir a los hombres a la magia negra, pues va acompañado siempre de orgullo y de egoísmo. ¿No son acaso los orgullosos, no son acaso los eruditos del espiritualismo, aquellos que siempre nos han atacado y criticado y que iracundos han despedazado nuestras obras? El intelecto por si mismo, sólo conduce a los hombres a la magia negra. Aquellos que siempre nos critican, refutan y atacan, sólo lo hacen movidos por el orgullo, el egoísmo y la vanidad. La Maestra H.P. Blavatsky conoció adeptos de muy mediana inteligencia, pero adeptos.
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