07 enero, 2026

La relajación en la meditación

 

RelajacionAcuéstese el asceta gnóstico en decúbito dorsal, con la cabeza hacia el Oriente. Puede acostarse en su lecho o en la perfumada tierra, o donde quiera. Delicioso es acostarse a meditar en los floridos campos, o entre ese rumor encantador de los parajes solariegos donde las aves cantan.

También puede el asceta gnóstico acostarse sobre las rocas de las montañas o en los acantilados del borrascoso Ponto. Colocad vuestro cuerpo, ya en forma de una hermosa estrella de cinco puntas, o ya en forma de hombre muerto.

La Pentalfa resulta profundamente esotérica; ella puede defenderos de los ataques de los tenebrosos. La posición de hombre muerto es profundamente significativa la muerte es la corona de todos; tú lo sabes. Debes entonces parecer un cadáver: los pies tocándose con los talones y las de los mismos separadas en forma de abanico. A lo largo del cuerpo se extienden los brazos del cadáver. Respirad ahora como respiran los niños recién nacidos.

¡Cuán bellos son los niños recién nacidos: su respiración es ciertamente la del Alma del Mundo! El olor de las criaturas recién nacidas resulta silvestre, sabe a bosque, a montaña, tiene un no se que. En las inocentes criaturas sólo se manifiesta la Esencia pura e inefable. Ahora podemos explicarnos, por sí mismos, el motivo fundamental por el cual los recién nacidos son auto-conscientes.

Sin embargo las gentes mayores, con mucha autosuficiencia, suponen que el recién nacido es inconsciente. Observad a los recién nacidos: sus cuerpos en la cuna, relajados, tienen un aspecto inefable. Imitad a las criaturas recién nacidas: relajad vuestro cuerpo como los niños lo relajan: las piernas y los brazos de las criaturas recién nacidas parecen de seda. Duermen los niños deliciosamente entre sus cunas, felices y sin problemas de ninguna especie. Imitad a los inocentes durante la meditación interior profunda; reconquistad la infancia en la mente y en el corazón.

RELAJACIÓN DE LA MENTE

Vivid de instante en instante, de momento en momento, sin el doloroso peso del pasado y sin preocupaciones por el futuro. Relajad la mente, vaciadla de toda clase de pensamientos, deseos, pasiones, etc. No aceptes dentro de tu mente ningún pensamiento. Antes que la llama de oro pueda arder con luz serena, la lámpara debe estar bien cuidada, al abrigo de todo viento. Los pensamientos terrenales deben caer muertos a las puertas del Templo.

La mente debe estar quieta por dentro, por fuera y por el centro. Así, en meditación profunda y con la mente relajada experimentaréis LO REAL. Entregaos a vuestro Dios Interior Profundo, olvidaos completamente de la mundanalidad. Durante la meditación mantened los párpados cerrados; que vuestro vehículo físico se adormezca deliciosamente. La meditación sin sueño destruye el cerebro y daña la mente. La meditación profunda, debidamente combinada con el sueño, conduce al éxtasis, al Shamadhi.

Combinad el sueño con la meditación en proporciones armoniosas, nunca olvidéis la LEY DE LA BALANZA. Necesitáis realmente de un cincuenta por ciento de sueño y de un cincuenta por ciento de meditación. Practicad la meditación cuando os sintáis predispuestos al sueño normal. El panadero que quiere preparar pan deberá saber combinar las diversas cantidades de agua y harina: si pone más agua que harina, no le resultará buen pan al panadero; si pone mucha harina y poca agua, tampoco resultará buen pan al panadero.

En forma similar, así es la ciencia de la meditación: si ponemos más sueño que meditación, caeremos en la inconsciencia; si ponemos más meditación que sueño, arruinaremos la mente y el cerebro. Empero, si sabemos combinar armoniosamente sueño y meditación, lograremos eso que se llama Shamadhi, éxtasis. Quienes pretenden meditar eliminando radicalmente el sueño, se parecen a aquél que intenta poner el automóvil en marcha haciendo presión sobre los frenos. 

Otro ejemplo permitirá aclarar mejor todo esto. Imaginad, por un momento, á un jinete sobre su cabalgadura. Si el jinete quiere poner en marcha al caballo, deberá aflojar las riendas; más si en vez de hacer esto, jalas las riendas a tiempo que hieres a la bestia con las espuelas, entonces habrá algo absurdo: el pobre animal entrará en desasosiego, se parará sobre sus patas, relinchará y hasta arrojará con violencia al jinete.

Exactamente o algo similar sucederá al devoto que intenta meditar eliminando el sueño. La relajación mental debe ser perfecta. Cualquier idea, pensamiento, etc., que en un instante dado atraviesa por la mente, produce tensiones y esto no es relajación. El relajamiento perfecto de la mente excluye deseos, ideas, pensamientos, recuerdos, pasiones, etc. VACIAR LA MENTE, convertirla en un pozo sin fondo, profundo, es realmente relajarla.

La mente superficial es semejante a un charco en el camino: cuando sus aguas se evaporan bajo los efectos de los rayos solares, sólo queda el lodo y la podredumbre. La mente profunda, relajada, es maravillosa, es como un lago insondable donde viven innumerables peces y hay vida en abundancia. Cuando alguien lanza una piedra hacia un lago apacible y sereno, se producen ondas rutilantes que van desde el centro hasta la periferia. Los impactos provenientes del mundo exterior, al caer en el lago de la mente, originan ondas que van desde el centro hacia la periferia. Esas ondas agitan la mente de los anacoretas y los llevan al fracaso. La mente debe ser controlada desde el centro, a fin de que nunca reaccione ante los impactos provenientes del mundo exterior. 

Samael Aun Weor



06 enero, 2026

El camarada vestido de blanco

 

El Maestro Adorable, Jesús el Cristo, ha estado muy activo: ha trabajado intensamente, ayudando a la pobre humanidad doliente. El es el Jefe del Movimiento Gnóstico.

Aunque parezca increíble, el Adorable Salvador del Mundo estuvo trabajando como enfermero, en los campos de batalla, durante la primera y segunda guerra mundial. Vamos a transcribir el conmovedor relato de Don Mario Roso De Luna, el insigne escritor teosófico. Este relato lo encontramos en “El libro que mata a la Muerte”, o “Libro de los Jinas”, obra formidable de Don Mario. Veamos:

Extrañas narraciones llegaban a nosotros en las trincheras. A lo largo de la línea de trescientas millas que hay desde Suiza hasta el mar, corrían ciertos rumores cuyo origen y veracidad ignorábamos nosotros. Iban y venían con rapidez, y recuerdo el momento en que mi compañero Jorge Casay, dirigiéndome una mirada extraña con sus ojos azules, me preguntó si yo había visto al amigo de los heridos, y entonces me refirió lo que sabía respecto al particular.

Me dijo que, después de muchos violentos combates, se había visto a un hombre vestido de blanco, inclinándose sobre los heridos. Las balas lo cercaban, las granadas caían a su alrededor, pero nada tenía poder para tocarle. Él estaba mirando hacía el arroyo y sus manos estaban juntas, como si orase, y entonces vi que él también estaba herido. Creí ver como una herida desgarrada en su mano, y conforme oraba, se formó una gota de sangre que cayó en la tierra. Lancé un grito sin poderlo remediar, porque aquella herida me parecía más horrorosa que las que yo había visto en esta amarga guerra.

Estáis herido también, dije con timidez. Quizá me oyó, quizá lo adivinó en mi semblante, pero contestó gentilmente: Esa es una antigua herida, pero me ha molestado hace poco. Y entonces noté con pena que la misma cruel marca aparecía en su pie. Os causará admiración el que yo no hubiese caído antes en la cuenta; yo mismo me admiré. Pero tan sólo cuando yo vi su pie, le conocí: ¡El Cristo Vivo!

Yo se lo había oído decir al capellán, unas semanas antes, pero ahora comprendí que Él había venido hacia mí hacia mí, que le había distanciado de mi vida en la ardiente fiebre de mi juventud.  Yo ansiaba hablarle y darle las gracias, pero me faltaban las palabras. Y entonces Él se levantó y me dijo: Quédate aquí hoy, junto al agua; yo vendré por ti mañana; tengo alguna labor para que hagas por mí. En un momento se marchó, y mientras lo espero, escribo esto para no perder la memoria de ello.

Me siento débil y solo, y mi dolor aumenta, pero tengo su promesa. Yo sé que ha de venir mañana por mí.  Hasta aquí el relato de un soldado, trascrito por Don Mario Rosso de Luna en “El libro que mata a la Muerte”. Este hecho concreto está demostrando, hasta la saciedad, que Jesús vive todavía con el mismo cuerpo físico que usó en la Tierra Santa. 

“El libro que mata a la Muerte”, o “Libro de los Jinas



El dominio de la mente

 

Es claro que nos toca irnos independizando cada vez más y más de la mente. La mente es un calabozo, una cárcel donde todos estamos prisioneros. Necesitamos evadirnos de esa cárcel si es que realmente queremos saber qué cosa es la libertad, esa libertad que no es del tiempo, esa libertad que no es de la mente.

Ante todo, debemos considerar a la mente como algo que no es del Ser. La gente, desafortunadamente, muy identificada con la mente, dice: ¡Estoy pensandoDisciplina de la mente! Y se siente siendo mente. Hay escuelas que se dedican a fortalecer la mente.

Dan cursos por correspondencia, enseñan a desarrollar la fuerza mental, etc., mas todo eso es absurdo. No es fortificar los barrotes de la prisión donde estamos metidos, lo indicado, lo que necesitamos es destruir esos barrotes para conocer la verdadera libertad, que, como he dicho, no es del tiempo.

Mientras estemos en la cárcel del intelecto, no seremos capaces de experimentar la verdadera libertad. La mente, en sí misma, es una cárcel muy dolorosa, nadie ha sido feliz con la mente. Hasta la fecha no se ha conocido el primer hombre que sea feliz con la mente. 

​​​​​​​La mente hace desdichadas a todas las criaturas, las hace infelices. Los momentos más dichosos que hemos tenido todos en la vida, han sido siempre en ausencia de la mente, han sido un instante, sí, pero que ya no se nos podrá olvidar en la vida; en tal segundo hemos sabido lo que es la felicidad, pero esto sólo ha durado un segundo. La mente no sabe qué cosa es felicidad, ¡ella es una cárcel!.

Hay que aprender a dominar la mente, no la ajena, sino la propia, si es que queremos independizarnos de ella. Se hace indispensable aprender a mirar a la mente como algo que debemos dominar, como algo que, digamos, necesitamos amansar. Recordemos al Divino Maestro Jesús entrando en su borrico a Jerusalén en Domingo de Ramos, ese borrico es la mente que hay que someter.

Debemos montar en el borrico, no que él monte sobre nosotros. Desgraciadamente, la gente es víctima de la mente puesto que no sabe montar en el borrico. La mente es un borrico demasiado torpe que hay que dominar si es que verdaderamente queremos montar en él.

Durante la meditación debemos platicar con la mente. Si alguna duda se atraviesa, necesitamos hacerle la disección a la duda. Cuando una duda ha sido debidamente estudiada, cuando se le ha hecho la disección, no deja en nuestra memoria rastro alguno, desaparece. Pero cuando una duda persiste, cuando queremos nosotros combatirla incesantemente, entonces se forma conflicto. Toda duda es un obstáculo para la meditación. Pero no es rechazando las dudas como vamos a eliminarlas, es haciéndoles la disección para ver qué es lo que esconden de real.

Cualquier duda que persista en la mente se convierte en una traba para la meditación. Entonces, hay que analizar, descuartizar, reducir a polvo la duda, no combatiéndola, sino abriéndola con el escalpelo de la autocrítica, haciéndole una disección rigurosa, implacable. Sólo así vendremos a descubrir qué es lo que no había de importante en la duda, qué era lo que había de real en la duda y qué de irreal. Así pues, las dudas a veces sirven para aclarar conceptos. Cuando uno elimina una duda mediante el análisis riguroso, cuando le hace la disección, descubre alguna verdad; de tal verdad viene algo más profundo, más sapiencia, más sabiduría.

La sabiduría se elabora sobre la base de la experimentación directa, sobre la experimentación propia, sobre la base de la meditación profunda. Hay veces que necesitamos, repito, platicar con la mente, porque muchas veces, cuando queremos que la mente esté quieta, cuando queremos que la mente esté en silencio, ella persiste en su necedad, en su parloteo inútil, en la lucha de antítesis. Entonces, es necesario interrogar a la mente, decirle: Pero bueno, ¿qué es lo que tú quieres, mente? Bien, ¡contéstame! Si la meditación es profunda, puede surgir en nosotros alguna representación; en esa representación, en esa figura, en esa imagen, está la respuesta.

Debemos entonces platicar con la mente y hacerle ver la realidad de las cosas, hasta hacerle ver que su respuesta está equivocada; hacerle caer en cuenta que sus preocupaciones son inútiles y el motivo por el cuál son inútiles. Y al fin, la mente queda quieta, en silencio. Mas, si notamos que no surge la iluminación todavía, que aún persiste en nosotros el estado caótico, la confusión incoherente con su lucha y parloteo incesante, entonces, tenemos que llamar nuevamente a la mente al orden, interrogarla:

¿Qué es lo que tú quieres? ¿Qué es lo que andas buscando? ¿Por qué no me dejas en paz? Hay que hablar claro y platicar con la mente como si fuera un sujeto extraño, porque ciertamente ella es un sujeto extraño, porque ella no es del Ser. Hay que tratarla como a un sujeto extraño, hay que recriminarla y hay que regañarla. Los estudiantes del Zen avanzado acostumbran el Judo, pero el Judo psicológico de ellos no ha sido comprendido por los turistas cuando llegan al Japón. Ver, por ejemplo, a los monjes practicando el Judo, luchando unos con otros, parecería como ejercicio meramente físico, mas no lo es.

Cuando ellos están practicando el Judo, realmente casi no se están dando cuenta del cuerpo físico, su lucha va realmente a dominar su propia mente. El Judo en que se hallan combatiendo, es contra su propia mente de cada uno. De manera que el Judo psicológico tiene por objeto someter a la mente, tratarla científicamente, técnicamente, con el objeto de someterla.

Desgraciadamente, los occidentales ven la cáscara del Judo, claro, como siempre, superficiales y necios, tomaron el Judo como defensa personal y se olvidaron de los principios del Zen y del Chang, y eso ha sido verdaderamente lamentable. Es algo muy semejante a lo que sucedió con el Tarot. Se sabe que en el Tarot está toda la Sabiduría antigua, se conoce que en el Tarot están todas las Leyes cósmicas y de la Naturaleza.

Por ejemplo, un individuo que habla contra la Magia Sexual, está hablando contra el Arcano IX del Tarot, por lo tanto se está echando un karma horrible. Un individuo que hable a favor del Dogma de la Evolución, está quebrantando la ley del Arcano X del Tarot, y así sucesivamente. El Tarot es el "patrón de medidas" para todos. Como lo dije en mi libro titulado «El Misterio del Áureo Florecer», en el que termino diciendo que los autores son libres de escribir lo que quieran. Pero que no olviden el patrón de medidas que es el Tarot, el Libro de Oro, si es que no quieren violar las Leyes cósmicas y caer bajo la KATANCIA, que es el karma superior.

Después de esta pequeña digresión, quiero decir que el Tarot tan sagrado, tan sapiente, se ha convertido en juego de póker, en los distintos juegos de naipes que hay para divertir a la gente. Se olvidó la gente de sus leyes, de sus principios. Las piscinas sagradas de los Templos antiguos, de los Templos de Misterios, se convirtieron hoy en las albercas para bañistas.

La Tauromaquia, la ciencia profunda, ciencia taurina de los antiguos Misterios de Neptuno en la Atlántida, perdió sus principios, se convirtió en el circo vulgar de toros. Así pues, no es extraño que el Judo Zen Chang, que tiene por objeto, precisamente, someter a la mente propia en cada uno de sus movimientos y paradas, haya degenerado, haya perdido sus principios en el mundo occidental y se haya convertido nada más que en algo profano que sólo se usa hoy para la defensa personal.

Miremos el aspecto psicológico del judo. En el judo psicológico que enseña la «Revolución de la Dialéctica», se necesita dominar la mente, se requiere que la mente aprenda a obedecer, se exige la fuerte recriminación de ésta para que obedezca. Esto no lo ha enseñado Krishnamurti, tampoco lo ha enseñado el Zen ni el Chang, esto que estoy enseñando pertenece a la Segunda Joya del Dragón Amarillo, a la Segunda Joya de la Sabiduría. Dentro de la Primera Joya podemos incluir el Zen, pero la Segunda Joya no la explica el Zen, aunque sí tenga los prolegómenos con su Judo psicológico.

La Segunda Joya implica la disciplina de la mente, dominándola, azotándola, regañándola. ¡La mente es un borrico insoportable que hay que amansar!. Así pues, durante la meditación tenemos que contar con muchos factores si queremos llegar a la quietud y al silencio de la mente. Necesitamos estudiar el desorden, porque solamente así, nosotros podemos establecer el orden. Hay que saber qué es lo que existe en nosotros de atento y qué es lo que hay en nosotros de inatento.

Siempre que entramos en meditación, nuestra mente está dividida en dos partes: la parte que atiende y la parte que no atiende. No es en la parte atenta que tenemos que poner atención sino precisamente en lo que hay de inatento en nosotros. Cuando logramos comprender a fondo lo que hay de inatento en nosotros y estudiar los procedimientos para que lo inatento se convierta en atento, habremos logrado la quietud y el silencio de la mente. Pero tenemos que ser juiciosos en la meditación, enjuiciarnos a sí mismos, saber qué es lo que hay de inatento en nosotros. Necesitamos hacernos conscientes de aquello que exista de inatento en nosotros.

Cuando digo que debemos dominar la mente, quien la debe dominar es la Esencia, la Consciencia. Despertando Consciencia tenemos más poder sobre la mente y por ende, nos hacemos conscientes de lo que hay de inconsciente en nosotros. Se hace urgente e inaplazable dominar la mente, platicar con ella, recriminaría, azotarla con el látigo de la voluntad y hacerla obedecer. Esta didáctica pertenece a la Segunda Joya del Dragón Amarillo.

Mi Real Ser, Samael Aun Weor, estuvo reencarnado en la China antigua y me llamé Chou-Li. Fui iniciado en la Orden del Dragón Amarillo y tengo órdenes de entregar las Siete Joyas del Dragón Amarillo a quien despierte Conciencia viviendo la Revolución de la Dialéctica y logrando la Revolución integral.

Ante todo, debemos identificarnos con la mente si es que verdaderamente queremos sacar el mejor partido de la Segunda Joya, porque si nosotros nos sentimos siendo mente, si digo: ¡estoy razonando! ¡estoy pensando!, entonces, estoy afirmando un adefesio y no estoy de acuerdo con la Doctrina del Dragón Amarillo, porque el Ser no necesita del pensar, porque el Ser no necesita de razonar. Quien razona es la mente. El Ser es el Ser y la razón de ser del Ser es el mismo Ser.

Él es lo que es, lo que siempre ha sido y lo que siempre será. El Ser es la vida que palpita en cada átomo como palpita en cada sol. Lo que piensa no es el Ser, quien razona no es el Ser. Nosotros no tenemos encarnado todo el Ser, pero tenemos encarnada una parte del Ser que es la Esencia o Buddhata, eso que hay de Alma en nosotros, lo anímico, el material psíquico. Es necesario que esta Esencia viviente se imponga sobre la mente.

Lo que analiza en nosotros son los yoes, porque los yoes no son sino formas de la mente, formas mentales que hay que desintegrar y reducir a polvareda cósmica. Estudiemos en estos momentos algo muy especial. Podría darse el caso de que alguien disuelva los yoes, los elimine. Podría también darse el caso de que ese alguien, además de disolver los yoes, se fabrique un cuerpo mental. Obviamente adquiere individualidad intelectual, empero, tiene que liberarse hasta del mismo cuerpo mental, porque el mismo cuerpo mental, por muy perfecto que sea, también razona, también piensa y la forma más elevada de pensar es no pensar. Mientras se piensa no se está en la forma más elevada de pensar.

El Ser no necesita de pensar. Él es lo que siempre ha sido y lo que siempre será. Así pues, en síntesis, hay que subyugar a la mente e interrogarla. No necesitamos de someter mentes ajenas porque eso es magia negra. No necesitamos dominar la mente de nadie porque eso es brujería de la peor clase, lo que necesitamos es someter nuestra propia mente y dominarla.

Durante la meditación, repito, hay dos partes: aquella que está atenta y aquella que está inatenta. Necesitamos hacernos conscientes de lo que hay de inatento en nosotros. Al hacernos conscientes podemos evidenciar que lo inatento tiene muchos factores: duda, hay muchas dudas, son muchas las dudas que existen en la mente humana. ¿De dónde vienen esas dudas? Vemos por ejemplo, el ateísmo, el materialismo, el misticismo, si los descuartizamos, vemos que existen muchas formas de escepticismo, muchas formas de ateísmo, muchas formas de materialismo.

Existen personas que se dicen ateos materialistas y sin embargo, le temen por ejemplo, a las hechicerías, a las brujerías. Respetan a la Naturaleza, saben ver a Dios en la Naturaleza, pero a su modo. Cuando se les platica de asuntos espirituales o religiosos, se declaran ateos materialistas; su ateísmo es una forma nada más incipiente.

Hay otra forma de materialismo y ateísmo: el de tipo marxista?leninista, incrédulo?escéptico. En el fondo, algo busca ese materialista ateo, quiere sencillamente desaparecer, no existir, aniquilarse íntegramente, no quiere saber nada de la Mónada divina, la odia. Obviamente, al proceder así, se desintegrará como él quiere, es su gusto, dejará de existir, descenderá a los mundos infiernos, hacia el centro de gravedad del planeta. Ese es su gusto: autodestruirse. Perecerá, pero en el fondo, si continúa, la Esencia se liberará, retornará a nuevas evoluciones y pasará por nuevas involuciones, volverá una y otra vez en distintos ciclos de manifestación a caer en el mismo escepticismo y materialismo.

A la larga aparece el resultado, ¿cuál? Cuando el día en el que definitivamente se cierren todas las puertas, cuando los tres mil ciclos se agoten, entonces esa Esencia se absorberá en la Mónada y ésta a su vez entrará al Seno Espiritual Universal de Vida pero sin maestría. ¿Qué es lo que realmente quiere esa Esencia? ¿Qué es lo que busca con su ateísmo? ¿Cuál es su anhelo? Su anhelo es rechazar la maestría, en el fondo eso es lo que quiere, lo consigue, no valora y al fin termina como una chispa divina pero sin maestría.

Las formas de escepticismo son varias. Hay gente que se dice católica, apostólica y romana, y sin embargo en sus exposiciones son crudamente materialistas y ateas; pero van a misa los domingos, comulgan y se confiesan, ésta es otra forma de escepticismo. Si analizamos todas las formas habidas y por haber de escepticismo y materialismo, descubrimos que no hay un solo escepticismo, no hay un solo materialismo. La realidad es que son millones las formas del escepticismo y del materialismo. Millones, porque sencillamente son mentales, cosas de la mente. Es decir, el escepticismo y el materialismo son de la mente y no del Ser.

Cuando alguien ha pasado más allá de la mente, se ha hecho consciente de la Verdad que no es del tiempo. Obviamente, no puede ser ni materialista ni ateísta. Aquél que alguna vez ha escuchado el Verbo, está más allá del tiempo, más allá de la mente. El ateísmo es de la mente, pertenece a la mente que es como un abanico. Todas las formas del materialismo y ateísmo son tantas y tan variadas que semejan un gran abanico. Lo que hay de real está más allá de la mente.

El ateísta y el materialista son ignorantes, jamás han escuchado el Verbo, nunca han conocido la Palabra Divina, jamás han entrado en la corriente del sonido. En la mente es donde se gestan el ateísmo y el materialismo. Estos son formas de la mente, formas ilusorias que no tienen ninguna realidad. Lo que verdaderamente es real no pertenece a la mente, lo que ciertamente es real, está más allá de la mente. Independizarnos de la mente es importante para conocer lo real, no para conocerlo intelectualmente sino para experimentarlo real y verdaderamente.

Al poner atención en lo que hay de inatento podemos ver distintas formas de escepticismo, de incredulidad, de duda, etc., ya que viendo cualquier duda, de cualquier especie, hay que descuartizarla, hacerle la disección para ver qué es lo que quiere de verdad. Una vez que la hemos descuartizado totalmente, la duda desaparece no dejando en la mente rastro alguno, no dejando en la memoria ni la más insignificante huella.

Cuando observamos lo que hay de inatento en nosotros, vemos también la lucha de antítesis en la mente. Es entonces cuando hay que descuartizar a esas antítesis para ver qué es lo que tienen de verdad. También se les deberá hacer la disección a recuerdos, emociones, deseos y preocupaciones que se ignoran, que no se sabe de dónde vienen y por qué vienen.

Cuando juiciosamente vemos que hay necesidad de llamarle la atención a la mente, hay un punto critico en el que uno se ha cansado con la mente que no quiere ya obedecer en ninguna forma, entonces no queda más que recriminarla, hablarle fuerte, tratarla frente a frente, cara a cara como a un sujeto extraño e inoportuno. Se le tiene que azotar con el látigo de la voluntad, recriminarla con la palabra dura hasta hacerla obedecer. Hay que platicar muchas veces con la mente para que entienda. Si no entiende, pues hay que llamarla al orden severamente.

No identificarse con la mente es indispensable. Hay que azotar a la mente, subyugarla: si ella sigue violenta, pues nosotros tenemos que volver a azotarla. Así nosotros nos salimos de la mente y llegamos a la Verdad. Aquello que ciertamente no es del tiempo. Cuando nosotros logramos asomarnos a eso que no es del tiempo, podemos experimentar un elemento que transforma radicalmente. Existe cierto elemento transformador que no es del tiempo, que solamente se puede experimentar cuando salimos de la mente. Hay que luchar intensamente hasta conseguir salir de la mente para lograr la auto?realización íntima del Ser.

Una y otra vez necesitamos independizarnos de la mente y entrar en la corriente del sonido, el mundo de la música, en el mundo donde resuena la palabra de los Elohim, donde reina ciertamente la Verdad. Mientras estemos embotellados entre la mente, ¿qué podemos saber de la verdad?, lo que otros dicen. Pero, ¿qué sabemos nosotros?. Lo importante no es lo que otros dicen sino lo que nosotros experimentamos por sí mismos. Nuestro problema está en cómo salimos de la mente. Para ello, nosotros necesitamos ciencia, sabiduría para emancipamos y ésta se halla en la Gnosis.

Cuando creemos que la mente está quieta, cuando creemos que está en silencio y sin embargo no viene ninguna experiencia divina a nosotros, es porque no está quieta la mente ni en silencio. En el fondo, ella continúa luchando. En el fondo, ella está parloteando. Entonces, a través de la meditación, nosotros tenemos que encararla, platicar con ella, recriminarle e interrogarle qué es lo que quiere. Decirle: ¡Mente!, pero ¿Por qué no estás quieta? ¿Por qué no me dejas en paz? La mente dará alguna respuesta y nosotros le contestaremos con otra explicación tratando de convencerla y si no quiere convencerse, no quedará más remedio que someterla por medio de la recriminación y el látigo de la voluntad.

El dominio de la mente va más allá de la meditación de los opuestos. Así, si por ejemplo, nos asalta un pensamiento de odio, un recuerdo malvado, pues hay que tratar de comprenderlo, tratar de ver su antítesis que es el amor. Si hay amor, ¿por qué ese odio? ¿Con qué objeto?. Surge, por ejemplo, el recuerdo de un acto lujurioso. Entonces, hay que pasar por la mente el cáliz sagrado y la santa lanza, decir: ¿Por qué he de profanar lo santo con mis pensamientos morbosos?. Si surge el recuerdo de una persona alta, se le debe ver bajita y eso estaría correcto puesto que en la síntesis está la clave.

Saber buscar siempre la síntesis es benéfico porque de la tesis hay que pasar a la antítesis pero la verdad no se encuentra ni en la antítesis ni en la tesis. En la tesis y en la antítesis hay discusión y eso es lo que realmente se quiere; afirmación, negación, discusión y solución. Afirmación de un mal pensamiento, negación del mismo mediante la comprensión de su opuesto. Discusión: hay que discutir qué es lo que tiene de real de uno y otro hasta llegar a la sabiduría y dejar la mente quieta y en silencio. Así es como se debe practicar.

Todo eso es una parte de las prácticas conscientes, de la observación de lo que hay de inatento. Pero si decimos simplemente: es el recuerdo de una persona alta y le ponemos enfrente a una persona bajita y punto; no está correcto. Lo correcto seria decir, lo alto y lo bajo no son sino dos aspectos de una misma cosa, lo que importa no es lo alto ni lo bajo sino lo que hay de verdad detrás de todo eso. Lo alto y lo bajo son dos fenómenos ilusorios de la mente. Así es como se llega a la síntesis y a la solución.

Lo inatento en uno es lo que está formado por el subconsciente, por lo incoherente, por la cantidad de recuerdos que surgen en la mente, por las memorias del pasado que asaltan una y otra vez, por los desechos de la memoria, etc. Los elementos que constituyen el subconsciente, ni hay que aceptarlos ni hay que rechazarlos, sencillamente hay que hacerse consciente de lo que hay de inatento. Quedando así, lo inatento, atento, en forma natural y espontánea. Queda atento lo inatento.

Hay que hacer de la vida corriente una continua meditación. No solamente es meditación aquella acción de aquietar la mente cuando estamos en casa o en los Lumisiales, sino que también abarca la corriente del diario vivir para que la vida se convierta de hecho en una constante meditación. Así es como viene la verdad realmente.

La mente, en sí, es el Ego. Pero es urgente destruir el Ego para que quede la sustancia mental con la que se puede fabricar el cuerpo mental. Pero siempre queda la mente. Lo importante es liberarse de la mente, y siendo libres de ella, hay que aprender a desenvolvernos en el mundo del Espíritu Puro sin la mente. Saber vivir en esa corriente del sonido que está más allá de la mente y que no es del tiempo. En la mente, lo que hay es ignorancia. La real Sabiduría no está en la mente, está más allá de la mente. La mente es ignorante y por eso cae y cae en tantos errores graves.

Cuán necios son aquellos que hacen propagandas mentales, aquellos que prometen poderes mentales, que les enseñan a otros a dominar la mente ajena, etc. La mente no ha hecho feliz a nadie. La verdadera felicidad está mucho más allá de la mente. Uno no puede llegar a conocer la felicidad hasta que no se independice de la mente.

Los sueños son propios de la inconsciencia. Cuando uno despierta conciencia, deja los sueños. Los sueños no son sino proyecciones de la mente. Recuerdo cierto caso vivido por mí en los mundos superiores. Fue solamente un instante de descuido. Vi cómo se me salió de la mente un sueño. Ya iba a comenzar a soñar y reaccioné entre el sueño que se me escapó por un segundo, pero como me di cuenta del proceso, rápidamente me alejé de esta forma petrificada que escapó de mi propia mente. ¿Qué tal que hubiera estado dormido?, Ahí hubiera quedado enredado en esa forma mental. Cuando uno está despierto, sabe inmediatamente que en un momento de desatención se puede escapar un sueño y queda uno enredado toda la noche hasta el amanecer.

Lo que importa en nosotros es despertar la conciencia para dejar de soñar, para dejar de pensar. Este pensar, que es materia cósmica, es la mente. Hasta el mismo Astral no es más que la cristalización de la materia mental y el mundo físico es también mente condensada. Así pues, la mente es materia y muy grosera, sea en estado físico o en el estado llamado astral manásico, como dicen los indostaníes. De todas manera es la mente grosera y material, tanto en lo astral como en lo físico.

La mente es materia física o metafísica, pero materia. Por lo tanto, no puede hacernos dichosos. Para conocer la auténtica felicidad, la verdadera Sabiduría, debemos salirnos de la mente y vivir en el mundo del Ser, eso es lo importante. No negamos el poder creador de la mente, es claro que todo lo que existe es mente condensada. Pero, ¿qué ganamos con eso? ¿Acaso la mente nos ha dado felicidad? Podemos nosotros hacer maravillas con la mente, crearnos muchas cosas en la vida. Los grandes inventos son mente condensada pero este tipo de creaciones no nos ha hecho felices.

Lo que necesitamos es independizarnos, salir de ese calabozo de la materia porque la mente es materia. Hay que salirnos de la materia, vivir en función de espíritus, como seres, como criaturas felices más allá de la materia. A nadie le hace feliz la materia, la materia siempre es grosera aunque asuma formas hermosas.

Si nosotros buscamos la auténtica felicidad, no la encontraremos en la materia sino en el espíritu. Necesitamos libertarnos de la mente. La verdadera felicidad viene a nosotros cuando nos salimos del calabozo de la mente. No negamos que la mente pueda ser la creadora de las cosas, de los inventos, de las maravillas y de los prodigios, pero, ¿acaso eso nos da la felicidad? ¿Cuál de nosotros es feliz?.

Si la mente no nos ha dado la felicidad, tenemos que salirnos de la mente, buscarla en otra parte y obviamente que la encontraremos en el mundo del espíritu. Pero, lo que tenemos que saber es cómo evadirnos de la mente, cómo liberarnos de la mente, ése es el objeto de nuestras prácticas y estudios que he entregado en los libros gnósticos y en este Tratado de «la Revolución de la Dialéctica».

En nosotros existe un tres por ciento de conciencia y un noventa y siete por ciento de subconciencia. Lo que tenemos de consciente debe dirigirse a lo que tenemos de inconsciente o subconsciente para recriminarle y hacerle ver que tiene que convertirse en consciente. Pero hay necesidad que la parte consciente recrimine a la parte subconsciente. Esto de que la parte consciente se dirija a la parte subconsciente, es un ejercicio psicológico muy importante que se puede practicar en la aurora, así, las partes inconscientes poco a poco se van volviendo conscientes.

Samael Aun Weor El Dominio de la Mente  del libro  La Revolución de la Dialéctica Capítulo 56º



Contacto con vida extraterrestre

 

ExtraterrestresContinuación de la conferencia titulada "Los habitantes de Ganímedes, poseen una visión superior" para acceder hacer CLICK aquí

Mucho se ha hablado sobre el fenómeno Ovni y yo podría relatarles muchas experiencias; sin embargo debo también relatar mis propias experiencias.

Yo tuve contacto directo con viajeros Inter galácticos, y voy a relatarles el caso. Hallábame en el Desierto de los Leones, Distrito Federal. De pronto vi una Nave que lentamente descendió en un claro del Bosque. Movido por la curiosidad me acerqué al lugar. Grande fue mi asombro pues, entre paréntesis, no he perdido todavía la capacidad de asombro al ver una Nave, esférica completamente y algo achatada, sostenida sobre un trípode acero.

Comprendí de qué se trataba. Se abrió una escotilla y un hombre de mediana estatura delgado, piel cobriza, amplia frente  que traía en su mano derecha un aparato, desconocido para mí, descendió por una escalinata, de metal también. Tras él venían otras tantas personas la tripulación, digo siguiéndole.

Es claro que me acerqué y le hablé y me entendió, pues me asombro que al decirle Buenos días, señor, me contestó también en correcto español. Aquello fue más que asombroso, y me dije: ¿es posible que los navegantes del espacio conozcan los idiomas de la Tierra? Me asombro, y en esos instantes sentí el anhelo de conocer otros mundos del espacio y hasta me agarré del trípode metálico sobre el que se sostenía la Nave y dije al Capitán: quisiera que usted me llevara al planeta Marte. ¿Cómo dice usted, a Marte? Si señor, a Marte. ¡Ah, eso es allí nomás, me dijo. Es decir, Marte  para él  quedaba demasiado cerca, era tanto como ir a la tienda de la esquina. Me quedé nuevamente asombrado.

El Capitán citó a su gente y se dirigió a un lugar donde estaban unos troncos de árboles, tendidos horizontalmente en el piso. Volví a rogarle y le dije: Señor, soy escritor; me gustaría conocer otras civilizaciones del Cosmos para informar sobre esto a los habitantes de la Tierra; me gustaría además traer pruebas, sean organismos vivos, o plantas, o máquinas, o libros, o lo que fuere, para convencer a los terrícolas, porque señor le dije aquí en nuestro mundo los terrícolas son escépticos en un ciento por ciento, no me creerían a mí nada de eso si no les trajera pruebas, y no me lo creerían ni hincado, ni aún si llorara lágrimas de sangre. 

El Capitán guardaba silencio. Se sentaron los de la tripulación sobre los troncos de madera, y una vez que todos estuvieron sentados, sucedió que una de las damas pues venían dos damas entre ellos de edad indescifrable, se puso de pie y dijo: Si nosotros tomamos una planta que no es aromática y la colocamos junto a otra que sí lo es, es obvio que la que no es aromática se impregnará con el aroma de la que sí lo es, ¿verdad? Eso es claro, respondí.  Pues bien, lo mismo sucede con los mundos: mundos con humanidades que antes andaban muy mal, se fueron impregnando poco a poco con las radiaciones de los mundos vecinos y ahora andan muy bien; más hemos acabado de llegar aquí, al planeta Tierra, como usted ha visto, y con asombro vemos que aquí no sucede lo mismo. ¿Qué es lo que está pasando en este planeta Tierra?  La pregunta fue tremenda.

Reflexionando un poco le respondí: Bueno, esta Tierra es una equivocación de los Dioses, pero luego quise redondear un poquito mejor mi concepto y proseguí diciendo: Así es el Karma de los mundosLa dama asintió con una venia; la otra dama también inclinó respetuosamente su cabeza, en señal de aceptación del concepto, y todos los de la tripulación hicieron lo mismo. Después se pusieron de pie, dispuestos a retirarse, y volví yo nuevamente con mi terquedad a suplicarles por favor que me llevaran; se lo rogué al Capitán y hasta le supliqué, más todo fue inútil. Se limitó a decirme: En el Camino iremos viendo. Quedé satisfecho con la respuesta porque se que estos no son terrícolas y cumplen de verdad su palabra.

Entendí que debería mejorar todavía mucho y observé el momento en que regresaban nuevamente al interior de su Nave. Posteriormente me retiré muy despacio para observar lo que pasaba. Ví el momento en que aquella Nave giró sobre su eje y se levantó muy despacio para desaparecer después velozmente a través del inalterable infinito. Ahora comprendo que, en realidad de verdad, debe uno prepararse psicológicamente para un viaje de esta clase.

Mucho se ha hablado sobre las Naves Cósmicas, y unos creen y otros no. Afortunadamente ya la mayoría de los habitantes de la Tierra aceptó la realidad de los “platillos voladores”. Los ingleses oficialmente dieron su comunicado y dijeron: No podemos negarlos, existen, pero como quiera que tienen una civilización tan adelantada y nosotros no estamos a su altura, naturalmente no podemos comprenderlos, y como no podemos comprenderlos, peferimos más bien dedicarnos a nuestra civilización, a la conquista del espacio por nuestros propios esfuerzos, a ver si algún día llegamos. 

Así fue el comunicado oficial de Inglaterra. Hoy en día negar los Discos Voladores equivale a ser necio. Se ha podido verificar la realidad en forma tan contundente que me parece que ningún astrónomo u hombre de ciencia en el planeta Tierra se atrevería en verdad a negar la existencia de los Discos Voladores. Hoy negar eso significa ignorancia.

Mis amigos, ahora nos vienen a la mente ciertas interrogantes. ¿Con qué objeto nos visitarían los extraterrestres, para qué? Hay casos que asombran. En el Brasil por ejemplo se dio un acontecer que fue bastante extraño: cierto campesino que estaba trabajando su tierra, fue de pronto tomado por dos fuertes brazos y conducido al interior de una Nave Cósmica. Se le encerró dentro de una recámara, después de haberle examinado en un laboratorio.

En tal laboratorio se estudió su sangre, la calidad de su sangre. Satisfechos aquellos científicos con la calidad de su sangre, le metieron en una recámara donde había una cama. Una dama entró posteriormente a la recámara según afirma el campesino aquel, dicha mujer no tenía cejas y sus ojos eran oblicuos  como los de los chinos  que le sedujo sexualmente y luego efectuó la cópula con él. Posteriormente lo sacaron de la Nave, le dejaron en el mismo lugar y la Nave partió a través del espacio.

¿Objetivo? ¿Para qué y por qué se le examinó la sangre? ¿Por qué se le obligó a tener contacto sexual con esa mujer? ¿Qué pasa en todo eso? Vale la pena que nosotros nos volvamos más reflexivos y tratemos de inquirir, de investigar. Sabemos que en estos instantes de crisis mundial y de bancarrota de todos los principios, un evento terrible nos amenaza. Quiero referirme ahora a aquel gigantesco planeta que lleva el nombre de “Barnard Primero”

Barnard, el astrónomo que lo estuvo observando y que cree que lo descubrió  digo que “cree que lo descubrió” porque ya tal planeta había sido anunciado por Nostradamus en plena Edad Media; yo mismo, en muchas de mis obras, ya había hablado sobre ese mundo-. De manera que el Sr. Barnard, eminente astrónomo, no fue realmente su descubridor pero sí lo bautizó con ese nombre, y así lo denominan ahora los hombres de ciencia.

Viaje tal planeta a velocidades extraordinarias; pertenece a un lejano Sistema Solar. Me refiero, en forma enfática, al Sistema Solar Tylar. Tiene una órbita formidable, y de acuerdo con los cálculos matemáticos que se han venido realizando en los distintos Observatorios del mundo Tierra, tanto en las Filipinas como en Londres, como en el Monte Palomar, etc., dicho mundo viene hacia la órbita de la Tierra. Es gigantesco, seis veces más grande que Júpiter, miles de veces más grande que el planeta Tierra.

Pronto estará cerca tal titán de los cielos, y como quiera que trae algunos peligros muy graves para el mundo Tierra, los astrónomos se han esmerado en sus mapas cosmológicos. Uno de esos mapas, trazados en los Observatorios, lo tenemos en nuestra Asociación Gnóstica de Estudios Antropológicos y Culturales, lo tenemos en la casa matriz. Con tal mapa hemos podido verificar que el planeta Tierra recibirá los principales efectos del acercamiento de aquel mundo, y secundariamente serán afectados Marte, Urano y Júpiter. Cuando ya aquel mundo esté muy cerca de nuestra Tierra, como quiera que es una masa gigantesca, atraerá magnéticamente hacia la superficie de la Tierra el fuego líquido que existe realmente en el interior del mundo.

Entonces brotarán volcanes por doquiera, acompañados de terribles maremotos y grandes terremotos. En instantes en que digo esto, me viene a la memoria lo que dijeron los Nawas: “Los hijos del Quinto sol”  refiriéndose a nosotros perecerán por el fuego y por los terremotos. Así que, lo que ellos dijeron tiene una base muy real. Obviamente el fuego líquido circulará por la costra terrestre y quemará todo aquello que tenga vida. Así se cumplirá la profecía de los Mayas para el Katum-13, y también se cumplirán las profecías que en “El Korán” Mahoma hace para el Katum-13, aunque él no diga la palabra Katum-13.

En realidad de verdad los hechos hablarán por sí mismos, y cuando aquel mundo se acerque demasiado a nuestro planeta Tierra, después del Gran Incendio Universal es obvio que deberá provocarse una revolución de los ejes de la Tierra: los Polos se convertirán en Ecuador y el Ecuador en Polos, los mares cambiarán de lecho y los continentes actuales se sumergirán entre el fondo de las aguas. Ese será el final de los “Hijos del Quinto Sol”, como dijeron los Sabios de Anahuak cuando lo representaron sobre la Piedra Azteca, la Piedra Solar me refiero al “Calendario”.

Estamos hablando sobre hechos y también estamos analizando las profecías de Anahuak.Bien, entonces podemos deducir como secuencia o corolario que en estos instantes estamos siendo auxiliados por los extraterrestres. Más de una catástrofe atómica habría ya sucedido en Estados Unidos o en Rusia si no hubiesen los extraterrestres venido en nuestro auxilio. Más, ¿cuál es el recibimiento que se le hace a los extraterrestres? A la vista salta: hace poco dos Naves volaron sobre territorio de los Estados Unidos, provenientes del espacio estrellado. De inmediato los aviones de la Fuerza Aérea corrieron a su encuentro, armados con cohetes y ametralladoras. Una de las Naves Cósmicas partió hacia el infinito, la otra descendió suavemente sobre una torre de la energía eléctrica; fue entonces cuando se produjo el “apagón de Nueva York”. 

Los Generales de los Estados Unidos de Norte América exclamaron: “¡He ahí el talón de Aquiles de los Estados Unidos!” Realmente no es posible en modo alguno que los Estados Unidos movilice sus defensas si le falla la energía eléctrica. Su un puñadito de hombres había paralizado a la poderosa nación norteamericana, si tan sólo pocos hombres fueron necesarios para vencer a los Estados Unidos, ¡cuán poderosos son en verdad los extraterrestres! Ciertamente nosotros los terrícolas estamos demasiado atrasados.

Cuando aprendíamos los primeros fundamentos de matemáticas, ya los extraterrestres habían conquistado el espacio y viajaban a través del infinito, y sin embargo somos tan atrevidos que en vez de recibir a esos señores del espacio con verdadero amor, con verdadera dignidad, les recibimos a balazos. Esto nos está indicando que somos todavía bárbaros en el sentido más completo de la palabra.  Muchos se dirían: Bueno, y entonces si ellos son tan sabios y nosotros tan atrasados, ¿por qué no vienen a civilizarnos y aterrizan en el Zócalo de México, o en cualquier pueblo? ¿Por qué corren, por qué se van, por qué se ocultan? ¿Qué les pasa? Yo a mi vez les preguntaría a ustedes lo siguiente: ¿qué harían ustedes si andando por una selva del África o del Amazonas se encontraran de pronto con una tribu de caníbales? Huirían, ¿verdad?

No me parece que a ustedes les gustaría que los rostizaran y que después les sirvieran para el banquete; ustedes tratarían de salvar el pellejo a como diera lugar, y si llevaran armas, llevaran ametralladoras, ¿qué harían? No me parece que ustedes se guardarían las armas; tengo entendido que “echarían plomo” a diestra y siniestra, desesperados, y que acabarían de una vez y para siempre con toda la tribu, y que además, por último, cantarían victoria, ¿verdad? ¿Eso harían, o guardarían acaso ustedes las ametralladoras? Es obvio que no. Bien, en una situación similar se encuentran los extraterrestres: o huyen de nosotros los bárbaros terrícolas o nos destruyen, pero como no son terrícolas no son asesinos y prefieren retirarse antes que hacernos daño. Obviamente quienes han conquistado el espacio tienen que poseer un armamento poderoso.

Por ejemplo, ante a un batallón del Ejército, formado, una Nave Cósmica descendió. Posiblemente el Capitán de la Nave quiso de una vez y para siempre entrar en relaciones amistosas con los terrícolas; tal vez pensó que nosotros éramos mansas ovejas, que les recibiríamos con los brazos abiertos, que les llevaríamos a cenar y que por último les daríamos su nieve de limón, pero se equivocó el Capitán: el Sargento de aquel batallón ordenó fuego contra esos mavados, fuego, y el Capitán no hizo otra cosa que hacer funcionar una lámpara muy extraña, y un rayo azul paralizó las armas y paralizó también los brazos de esos bárbaros de la Tierra. Nadie pudo disparar un solo tiro, ni moverse siquiera, y tranquilamente el Capitán hizo un saludo a los terrícolas mientras les tenía paralizados brazos y piernas, subió a su Nave y se perdió en el espacio. Los del batallón quedaron asombrados. Pudieron luego ya caminar tranquilos y mover sus brazos; no habían recibido ningún daño.

Si fueran tan perversos los extraterrestres, habrían acabado hasta con el último soldadito del batallón, pero sólo se propusieron defenderse sin hacer daño. Ustedes no procederían en la misma forma, ¿verdad? Si ustedes se encontraran ante una tribu de caníbales y estuvieran armados hasta los dientes, les aseguro que no serían tan mansos como para no hacer uso de esas armas. Pues bien, los extraterrestres han demostrado dos cosas: primera, Inteligencia segunda, poder.

Sin embargo me atrevo a decir que han demostrado también un tercer factor: Amor, pues no han causado ningún daño. Cierto hombre que fue llevado al planeta Venus se quedó asombrado cuando le hicieron una demostración. Los habitantes de Venus colocaron un pequeño aparato ante un cerro y le dijeron: ¡Observa! Apretaron un botón y aquel cerro cayo todo hecho pedazos, se desmoronó. Le dijeron luego: Si nosotros les enseñáramos a los habitantes de tu mundo Tierra el uso de estos aparatos, cometerían crímenes espantosos; por eso preferimos callar.

Así que, mis queridos amigos, vale la pena que tratemos nosotros de eliminar la barbarie que cargamos en nuestro interior: la ira que nos hace tan monstruosos, el odio abominable, el egoísmo sin límites, el miedo, porque todos los habitantes de la Tierra están cargados de miedo, se arman por miedo, hacen guerras por miedo. ¿Creen ustedes, acaso, que un hombre llevaría pistola al cinto si no tuviese el temor de que alguien le atacara? ¿Creen ustedes que una nación se armaría con bombas atómicas si no temiera el ataque de otras naciones? Obviamente el miedo es la causa causorum de muchos graves errores.

El hombre que no tiene miedo no necesita llevar pistola al cinto, la nación que no teme no necesita armarse. El miedo nos hace verdaderamente criminales en el sentido más completo de la palabra. En estos instantes de crisis mundial, cuando el planeta Barnard Primero se acerca a nuestro mundo, en vísperas del gran cataclismo y en instantes en que las naciones se arman febrilmente para la guerra, los extraterrestres quieren ayudarnos, y si nosotros los recibiéramos con los brazos abiertos cambiaría totalmente el curso de la historia, comenzaría en verdad una edad floreciente sobre la faz de la Tierra.

¡Hasta aquí mis palabras!  Samael Aun Weor

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