Esta imagen representa una Menorá, un candelabro de siete brazos que es uno de los símbolos más antiguos y significativos del judaísmo. El diseño a menudo simboliza (los siete chakras de la médula espinal, las siete iglesias) la creación en siete días, la luz divina o la presencia de Dios, frecuentemente asociada con la visión del profeta Zacarías sobre un candelabro alimentado por dos olivos.
Y me volví a ver la voz que hablaba conmigo, y vuelto, vi siete candeleros de oro (los siete chakras de la médula espinal, las siete iglesias). Y en medio de los siete candeleros, uno semejante al Hijo del Hombre vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por los pechos con una cinta de oro.
Y su cabeza y sus cabellos eran blancos como la lana, blanca como la nieve; y sus ojos como llamas de fuego. Y sus pies semejantes a latón fino, ardientes como en un horno; y su voz como ruido de muchas aguas.
Y tenía en su diestra siete estrellas. Y de su boca salía una espada aguda de dos filos.
Y su rostro era como el Sol cuando resplandece en su fuerza. Y cuando yo le vi caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí diciéndome: no temas. Yo Soy el primero y el último (Ap. 1: 12-17). El Bienamado vive y ha sido muerto y he aquí que vive por los siglos de los siglos. Él tiene las llaves del infierno y de la muerte (Ap. 1: 18). Cuando salimos del Edén nos divorciamos de ese Verbo que vive entre las ignotas profundidades de nuestro ser.,,,,
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