14 septiembre, 2025

El marqués Juan Conrado


 Fui (Samael Aun Weor) en España el marqués Juan Conrado. Para bien de la gran causa por la cual estamos luchando intensamente, prefiero pechar, asumir responsabilidades, pagar, confesar francamente mis errores ante el veredicto solemne de la conciencia pública.

Fehacientemente y sin ambages es oportuno declarar ahora que yo fui en España el marqués Juan Conrado, Tercer Gran Señor de la Provincia de Granada. Es evidente que esa fue la época dorada del famoso Imperio de España. Como quiera que muchos nobles y plebeyos, aventureros y perversos, en busca de fortuna se embarcaban constantemente para la Nueva España, es ostensible que yo en modo alguno podía ser una excepción.

En una simple carabela, frágil y ligera, navegué durante varios meses por entre el borrascoso océano con el propósito de llegar a estas tierras de América. No está demás aseverar vehementemente que jamás tuve la intención de saquear los sagrados templos de los augustos Misterios, ni de conquistar pueblos o destruir ciudades.

Anduve ciertamente por estas tierras de América en busca de fortuna, desafortunadamente cometí algunos errores. Estudiarlos es necesario para conocer las paralelas y verificar conscientemente la sabia Ley de Recurrencia.

Esos eran mis tiempos de boddhisattwa caído y por cierto que no era una mansa oveja. Han pasado los siglos y como quiera que tengo la conciencia despierta, es obvio que jamás he podido olvidar tanto desatino. La primera paralela que debemos estudiar se corresponde exactamente con mi actual cuerpo físico. Habiendo llegado en frágil embarcación de la Madre Patria, me establecí muy cerca de los acantilados en estas costas del Atlántico.

Por aquellos tiempos de la conquista Española, existía desgraciadamente el negocio internacional relacionado con la infame venta de negros africanos. Entonces, para bien o para mal conocí a una noble familia de color, originaria de Argelia. Todavía recuerdo a una doncellita tan negra y tan hermosa como un sueño milagroso de las mil y una noches. Si compartí con ella el lecho de placeres en el jardín de las delicia, fue realmente movido por el incentivo de la curiosidad, quería conocer el resultado de ese cruce racial que de ello naciera un vástago mulato nada tiene de raro, más tarde vino el nieto, el bisnieto y el tataranieto.

En aquellos tiempos de bodhisattwa caído me olvidé de las famosas marcas astrales que se originan en el coito y que todo desencarnado lleva en su carmesí. Resulta palmario y manifiesto que tales marcas relacionan a uno con aquellas gentes y sangre asociadas con el coito químico; es oportuno decir ahora que los yoguis del insdostan han hecho ya sobre esto detenidos estudios.

No está demás aseverar que mi actual cuerpo físico deviene de la citada cópula metafísica; con otras palabras diré que vine a quedar vestido con la carne que llevo en mi presente existencia. Mis antepasados paternos fueron exactamente los descendientes de aquel acto sexual del marqués. Asombra que nuestros descendientes a través del tiempo y la distancia se conviertan en ascendientes. Es maravilloso que después de algunos siglos vengamos a revestirnos con nuestra propia carne, a convertirnos en hijos de nuestros propios hijos.

Viajes incesantes por estas tierras de la nueva España caracterizaron la vida del marqués y estos se repitieron en mis subsiguientes existencias incluyendo la actual. Litelantes como siempre estuvo a mi lado soportando pacientemente todas esas sandeces de mis tiempos de boddisattwa caído. En llegando el otoño de la vida en cada reencarnación, confieso sin ambages que siempre hube de marcharme con la enterradora, quiero referirme a una antigua iniciada por la cual siempre abandonaba a mi esposa y que en una y otra existencia cumplió con su deber de darme cristiana sepultura.

En el atardecer de mi vida presente volvió a mí esa antigua iniciada; la reconocí de inmediato, pero como quiera que ya no estoy caído la repudié con dulzura y ella se alejó afligida. Revestido con esa personalidad altiva y hasta insolente del marqués, inicié el retorno a la Madre Patria después de cierta asquearte bronca motivada por un cargamento de diamantes en bruto extraídos de una mina muy rica.

Doctrina Gnóstica develada por Samael Aun Weor

13 septiembre, 2025

El sentido de la auto observación

 

IniciativaLa Esencia, embutida entre el mi mismo, es el Genio de la Lámpara de Aladino, anhelando libertad. Libre el Genio, puede realizar prodigios. La Esencia es Voluntad-Conciencia, desgraciadamente procesándose en virtud de nuestro propio condicionamiento.

Cuando la Voluntad se libera, entonces se mezcla, se fusiona, se integra con la Voluntad Universal, haciéndose por esto soberana. Quien posee Voluntad, libre de verdad, puede originar nuevas circunstancias. Quien tiene su voluntad embotellada entre el yo pluralizado es víctima de las circunstancias.

Nadie podría llegar a la Iluminación Real, ni ejercer el sacerdocio absoluto de la Voluntad conciencia, si previamente no hubiera muerto en sí mismo, aquí y ahora.

Eliminar errores es algo mágico, maravilloso de por sí, que implica la rigurosa auto observación psicológica. Ejercer poderes es posible cuando se libera, radicalmente, el poder maravilloso de la Voluntad” Se nos ha dicho que existen los sentidos internos, no lo negamos. Obviamente, hay más sentidos internos que externos.

Las distintas escuelas tienen métodos para desarrollar poderes, para desarrollar los sentidos íntimos, los sentidos internos, pero en verdad les digo, mis caros hermanos, que si queremos nosotros desarrollar los sentidos internos, debemos empezar por desarrollar el sentido de la observación de sí mismos, es decir, de la auto-observación. El sentido ese está latente en cada uno de nosotros más hay que desarrollarlo. El desarrollo solamente es posible a base de práctica.

Conforme nosotros vayamos usando tal sentido, por si mismo éste se irá desarrollando, y a medida que progresemos en la observación de sí mismos, otros sentidos van también haciéndose manifiestos y al fin (el día en que mediante la auto-observación íntima nos hayamos conocido a fondo, íntegramente, y en todos los departamentos de la Mente y del corazón), los múltiples sentidos internos que poseemos se harán manifiestos, se desenvolverán preciosamente.

He allí el porqué se nos ha dicho: nosce te ipsum. Hombre, conócete a tí mismo y conocerás el Universo y a los Dioses. Las gentes comunes y corrientes viven atrapadas por los sentidos externos. Sin embargo, hay gentes que ya tienen establecido, en sí mismas, un Centro de Gravedad Permanente, son aquellas personas que en vidas anteriores estuvieron en estos estudios.

Esas personas buscarán la Enseñanza, la anhelarán, sentirán que más allá del mundo de los sentidos externos hay algo. Y no se equivocan: mucho más allá de estos sentidos mediante los cuales nos ponemos en contacto con el mundo exterior, encontramos nosotros a la Esencia. En la Esencia está lo mejor que poseemos, la Esencia es la Conciencia. Es lo más decente, lo más digno de nuestro Ser. Muchos son los que se preocupan por los poderes mágicos.

Yo digo a ustedes que la Esencia despierta posee, en sí misma, bellísimas facultades. Lo que necesitamos es desarrollar la Esencia y uno no podría desarrollarla a menos que trabaje sobre sí mismo. Cuando en verdad nos preocupamos por eliminar (de nuestra naturaleza íntima) nuestros defectos psicológicos: ira, codicia, lujuria, envidia, orgullo, pereza, gula, etc., la Esencia, naturalmente comienza a desarrollarse maravillosamente.

Con la muerte radical del yo, del mí mismo, del sí mismo, la Esencia queda absolutamente libre y una Esencia libre, manifestándose a través de un cuerpo humano, a través de un cerebro (o de tres cerebros, porque realmente no sólo tenemos el cerebro intelectual, sino que también tenemos el cerebro emocional y el cerebro motor), será una Esencia naturalmente preciosísima, y resplandecerán en la misma, los poderes de la Clarividencia, de la Clariaudiencia, de la Telepatía, las facultades para el desdoblamiento astral y muchísimos otros sentidos íntimos que sería largo de enumerar.

Así, pues, el camino para conseguir poderes es el de la muerte. Por algo se nos ha dicho: “Si el germen no muere, la planta no nace”. Cuando nosotros morimos en si mismos, cuando este querido Ego que llevamos dentro se vuelve polvo, los poderes afloran porque surge la Esencia (surge la Esencia libre). La Esencia libre goza de muchísimas facultades, de preciosos sentidos, de capacidades asombrosas.

Existen también múltiples organizaciones para desarrollar Chakras, para conseguir poderes mágicos. Algunas de esas instituciones enseñan, definitivamente, prácticas que podríamos calificar de Negras. En verdad podemos afirmar, mis queridos hermanos, que si solamente nos preocupamos por desarrollar poderes y no aniquiláramos al mí mimo, al sí mismo, al yo de la psicología, lo más que podría suceder es que nos convirtamos en magos negros.

Las Sagradas Escrituras han hablado muy claro, el Evangelio ha dicho: Buscad primero el Reino de Dios y su Justicia, que todo lo demás se os dará por añadidura. Desgraciadamente, el noventa y siete por ciento de la Esencia está embotellada entre los diversos elementos que constituyen el Ego, el yo. Necesitamos desarrollar la Esencia, desembotellarla, desenfrascarla. Cuando lo logremos, múltiples poderes naturales, divinales, se expresarán en nosotros con toda su belleza y con todo su esplendor. No necesitamos, pues, afanarnos por conseguir poderes; lo que debemos afanarnos es por morir en sí mismos, aquí y ahora, porque solo con la muerte adviene lo nuevo.

Observen ustedes la vida de los grandes místicos cristianos: no se preocuparon por conseguir poderes; solamente se preocuparon por la santidad, por ir eliminando, cada uno, sus defectos psicológicos, por ir muriendo en sí mismos, y a medida que lo iban logrando, múltiples facultades supra normales se iban expresando en ellos. A éstos se les conoció siempre como santos y de ellos hay muchos y de los más diversos orígenes, ya de Oriente o de Occidente.

El sentido de la auto-observación psicológica, en sí mismo, es la Clarividencia, es la Imaginación Consciente, o Translúcido. El sentido de la auto-observación íntima se encuentra atrofiado en todo ser humano. Trabajando seriamente, auto-observándose de momento en momento, tal sentido se desarrollará en forma progresiva. Las peores circunstancias de la vida, las situaciones más críticas, los hechos más difíciles, resultan siempre maravillosos para el auto descubrimiento.

En esos momentos insospechados, críticos, afloran siempre y cuando menos lo pensamos los yoes más secretos, y si estamos alertas, incuestionablemente los descubrimos. Las épocas más tranquilas de la vida, son precisamente las menos favorables para el trabajo sobre sí mismo. Existen momentos de la vida demasiado complicados, en los que uno tiene marcada tendencia a identificarse fácilmente con los sucesos y a olvidarse completamente de sí mismo. En esos instantes, hace uno tonterías que a nada conducen; pero si se estuviera alerta, si en esos momentos se acordase de sí mismo, descubriría con asombro ciertos yoes de los cuales jamás tuvo ni la más mínima sospecha de su posible existencia.

A medida que el sentido de la auto-observación prosiga su desarrollo, mediante el uso continuo, nos iremos haciendo cada vez más capaces de percibir en forma directa, aquéllos yoes sobre los cuales jamás tuvimos dato alguno relacionado con su existencia. Ante el sentido de la auto-observación íntima, cada uno de esos yoes que en nuestro interior habitan, asumen realmente, ésta o aquélla figura, secretamente afín con el defecto personificado por la misma. Indubitablemente, la imagen de cada uno de estos yoes tiene cierto sabor psicológico inconfundible, mediante el cual aprehendemos, capturamos, atrapamos instintivamente su naturaleza íntima y el defecto que le caracteriza.

En principio, el esoterista no sabe por dónde empezar: siente la necesidad de trabajar sobre sí mismo, pero se haya completamente desorientado. Aprovechando los momentos críticos, las situaciones más desagradables, los instantes más adversos, si estamos alertas, descubriremos nuestros defectos sobresalientes, los “yoes” que debemos desintegrar urgentemente. A veces puede empezarse por la ira, o por el amor propio, o por el desdichado segundo de lujuria, etc.

Es necesario tomar nota, sobre todo de nuestros estados psicológicos diarios, si es que en verdad queremos un cambio definitivo. Antes de acostarnos, conviene que examinemos los hechos ocurridos en el día, las situaciones embarazosas, la carcajada estruendosa de Aristófanes y la sonrisa sutil de Sócrates, porque puede que hayamos herido a alguien con una carcajada, o puede que hayamos enfermado a alguien con una sonrisa, o con una mirada fuera de lugar.

Recordemos que en esoterismo puro, bueno es todo lo que está en su lugar; malo es todo lo que está fuera de lugar. El agua, en su lugar es buena, pero si ésta inundara la casa, estaría fuera de lugar, causaría daños, sería mala y perjudicial. El fuego, en la cocina y dentro de su lugar, además de ser útil es bueno; fuera de su lugar, quemando los muebles de la sala, sería malo y perjudicial.

Cualquier virtud, por santa que sea, en su lugar es buena; fuera de su lugar, es mala y perjudicial. Con las virtudes podemos dañar a otros; es indispensable colocar las virtudes en su lugar correspondiente. Qué diríais de un sacerdote que estuviese predicando la palabra del Señor dentro de un prostíbulo? ¿Qué diríais de un varón, manso y tolerante, que estuviese bendiciendo a una cuadrilla de asaltantes que intentaran violarle la mujer y las hijas? ¿Qué diríais de esa clase de tolerancia llevada al exceso? ¿Qué diríais sobre la actitud caritativa de un hombre, que en vez de llevar comida a su casa, repartiese el dinero entre mendicantes del vicio? ¿Qué opinaríais sobre el hombre servicial, que en un instante dado prestase un puñal a un asesino?

Recordad, querido lector, que entre las cadencias del verso también se esconde el delito. Hay mucha virtud en los malvados y hay mucha maldad en los virtuosos. Aunque parezca increíble, dentro del mismo perfume de la plegaria también se esconde el delito. El delito se disfraza de santo, usa las mejores virtudes, se presenta como mártir, y hasta oficia en los templos sagrados. A medida que el sentido de la auto-observación íntima se desarrolla en nosotros, mediante el uso continuo, podremos ir viendo a todos esos yoes que sirven de fundamento básico a nuestro temperamento individual, ya sea este último sanguíneo o nervioso, flemático o bilioso.

Aunque usted no lo crea, querido lector, detrás del temperamento que poseemos, se esconden entre las más remotas profundidades de nuestras psiquis, las creaciones diabólicas más execrables. Ver tales creaciones, observar esas monstruosidades del infierno, se hace posible con el desarrollo siempre progresivo del sentido de la auto observación íntima. En tanto un hombre no haya disuelto esas creaciones del infierno, esas aberraciones de sí mismo, indubitablemente en lo más hondo, en lo más profundo, continuará siendo algo que no debería existir: una deformidad, una abominación.

Lo más grave de todo esto es que el abominable no se da cuenta de su propia abominación: se cree bello, justo, buena persona, y hasta se queja de la incomprensión de los demás, lamenta la ingratitud de sus semejantes, dice que no le entienden, llora afirmando que le deben, que le han pagado con moneda negra, etc. El sentido de la auto observación íntima nos permite verificar, por sí mismos y en forma directa, el trabajo secreto mediante el cual, en un tiempo dado, estamos disolviendo tal o cual yo tal o cual defecto psicológico, descubierto en condiciones difíciles y cuando menos lo sospechábamos.

¿Has pensado tú, alguna vez en la vida, sobre lo que más te agrada o desagrada? Tú, ¿has reflexionado sobre los resortes secretos de la acción? ¿Por qué quieres tener una bella casa? ¿Por qué deseas tener un coche último modelo? ¿Por qué quieres estar siempre a la última moda? ¿Por qué codicias no ser codicioso? ¿Qué es lo que más te ofendió en un instante dado? ¿Qué es lo que más os halagó ayer? ¿Por qué os sentisteis superior a fulano, o a fulana de tal, en un instante dado?

¿A qué hora te sentiste superior a alguien? ¿Por qué te engreíste al relatar tus triunfos? ¿No supiste callar, cuando murmuraban de otra persona conocida? ¿Recibiste la copa de licor por cortesía? ¿Aceptaste fumar, tal vez no teniendo el vicio, por el concepto de educación o de hombría? ¿Estás tú seguro de haber sido sincero en aquélla conversación? Y cuando te justificas a tí mismo, y cuando te alabas, y cuando cuentas tus triunfos y los relatas, repitiendo lo que antes dijiste a los demás, ¿comprendiste que eres vanidoso...?

El sentido de la auto observación íntima, además de permitirte ver claramente el yo que estás disolviendo, te permitirá ver también los resultados patéticos y definidos de tu trabajo interior. En principio estas creaciones del infierno estas aberraciones psíquicas que desgraciadamente te caracterizan, son más feas y monstruosas que las bestias más horrendas que existen en el fondo de los mares, o en las selvas más profundas de la Tierra. Conforme avances en tu trabajo, podrás evidenciar, mediante el sentido de la auto-observación interior, el hecho sobresaliente de que aquéllas abominaciones van perdiendo volumen, se van empequeñeciendo.

Resulta interesante saber que tales bestialidades, conforme pierden volumen se empequeñecen, ganan en belleza, asumen lentamente la figura infantil y por último se desintegran, se convierten en polvareda cósmica. Entonces la Esencia enfrascada se libera, se emancipa, despierta. Indubitablemente, la mente no puede alterar fundamentalmente, ningún defecto psicológico. Obviamente, el entendimiento puede darse el lujo de rotular un defecto con tal o cual nombre, o de justificarlo, o de pasarlo de un nivel a otro, etc., más no podría por sí mismo aniquilarlo, desintegrarlo.

Necesitamos, urgentemente, de un Poder Flamígero superior a la mente, de un poder que sea capaz, por sí mismo, de reducir tal o cual defecto psicológico a mera polvareda cósmica. Afortunadamente, existe en nosotros ese Poder Serpentino, ese Fuego Maravilloso que los alquimistas medievales bautizaron con el nombre misterioso de “Stella Maris”: La Virgen del Mar, el “Azoe” de la Ciencia de Hermes, la Tonantzin del México Azteca, esa derivación de nuestro propio Ser Intimo, Dios-Madre en nuestro interior, simbolizada siempre con la Serpiente Sagrada de los Grandes Misterios.

Si después de haber observado y comprendido tal o cual defecto psicológico, tal o cual “yo”, suplicamos a nuestra Madre Cósmica particular (pues cada uno de nos tiene la suya), desintegre, reduzca a polvareda cósmica éste o aquel defecto, aquel “yo” motivo de nuestro trabajo interior, podéis estar seguros que el mismo perderá volumen y lentamente se irá pulverizando.

Todo esto implica, naturalmente, sucesivos trabajos de fondo, siempre continuos, pues ningún yo puede ser desintegrado jamás instantáneamente. El sentido de la auto-observación íntima podrá ver el avance progresivo del trabajo, relacionado con la abominación que nos interese verdaderamente desintegrar. Stella Maris, aunque parezca increíble, es la Signatura Astral de la potencia sexual humana. Obviamente, Stella Maris tiene el poder efectivo para desintegrar las aberraciones que en nuestro espacio psicológico cargamos.

La decapitación de Juan el Bautista, es algo que nos invita a la reflexión. No sería posible ningún cambio psicológico radical, si antes no pasáramos por la decapitación. Nuestro propio Ser derivado, Tonantzin, Stella Maris, como potencia eléctrica desconocida para la humanidad entera, y que se halla latente en el fondo mismo de nuestra psiquis, ostensiblemente goza del poder que le permite decapitar a cualquier yo, antes de la desintegración final.

Stella Maris es ese Fuego Filosofal que se encuentra latente en cualquier materia orgánica e inorgánica. Los impulsos psicológicos pueden provocar la acción intensiva de tal Fuego, y entonces la decapitación se hace posible. Algunos yoes suelen ser decapitados al comienzo del trabajo psicológico, otros en el medio y los últimos al final. Stella Maris, como potencia ígnea sexual, tiene conciencia plena del trabajo a realizar, y realiza la decapitación en el momento oportuno, en el instante adecuado.

En tanto no se haya producido la desintegración de todas esas abominaciones psicológicas, de todas esas lascivias, de todas esas maldiciones: robo, envidia, adulterio secreto o manifiesto, ambición de dinero o de poderes psíquicos, etc., aún cuando nos creamos personas honorables, cumplidoras de la palabra, sinceras, corteses, caritativas, hermosas en el interior, etc., no pasaremos de ser más que sepulcros blanqueados, hermosos por fuera más por dentro llenos de asqueante podredumbre.

La erudición libresca, la pseudo sapiencia, la información completa sobre las sagradas escrituras la absoluta seguridad de estar bien documentados, el sectarismo intransigente, con pleno convencimiento, etc., de nada sirve, porque en realidad sólo existe, en el fondo, eso que ignoramos: creaciones del infierno, maldiciones, monstruosidades que se esconden tras la cara bonita, tras el rostro venerable, bajo el ropaje santísimo del líder sagrado, etc.

En este sentido, tenemos que ser sinceros consigo mismos, preguntarnos qué es lo que queremos. Si hemos venido a la Enseñanza Gnóstica por mera curiosidad, si en verdad no es pasar por la decapitación lo que estamos deseando, entonces nos estamos engañando a sí mismos, estamos defendiendo nuestra propia podredumbre, estamos procediendo hipócritamente. En las escuelas más venerables de la sapiencia esotérica y del ocultismo existen muchos equivocados sinceros que de verdad quieren Auto-Realizarse, pero que no están dedicados a la desintegración de sus abominaciones interiores.

Son muchas las gentes que suponen que mediante las buenas intenciones, es posible llegar a la santificación. Obviamente, en tanto no se trabaje con intensidad sobre esos yoes que en nuestro interior cargamos, ellos continuarán existiendo bajo el fondo de la mirada piadosa y de la buena conducta.

Ha llegado la hora de saber que somos unos malvados, disfrazados con la túnica de la santidad; lobos con piel de oveja, caníbales vestidos con traje de caballeros, verdugos escondidos tras el signo sagrado de la cruz, etc. Y por muy majestuosos que parezcamos dentro de nuestras aulas de luz y de armonía, por muy serenos y dulces que nos vean nuestros semejantes, por muy reverendos y humildes que parezcamos, en el fondo de nuestra psiquis continúan existiendo todas las abominaciones del infierno y todas las monstruosidades de la guerra.

En Psicología Revolucionaria se nos hace evidente la necesidad de una transformación radical, y ésta sólo es posible declarándonos, a sí mismos, una guerra a muerte despiadada y cruel. Ciertamente, nosotros todos no valemos nada: somos, cada uno de nos, la desgracia de la Tierra, lo execrable. Afortunadamente, Juan el Bautista nos enseñó el Camino Secreto: morir en sí mismos, mediante la decapitación psicológica.

Es urgente decirle, a nuestros estudiantes gnósticos, que se observen a sí mismos, en qué sentido deben auto-observarse y las razones para ello. Cuando uno de verdad quiere conocerse a sí mismo, debe auto-observarse y tratar de conocer los diferentes yoes que están metidos dentro de la Personalidad. Si alguno de nuestros lectores no comprende todavía esta Doctrina de los muchos yoes, se debe exclusivamente, a la falta de práctica en materia de auto-observación. A medida que uno practica la auto-observación interior, va descubriendo por sí mismo, a las muchas gentes, a los muchos yoes, que viven dentro de nuestra propia Personalidad.

Quienes niegan la Doctrina de los muchos yoes, quienes adoran a un Yo Divino, indubitablemente jamás se han auto-observado seriamente. Hablando esta vez en estilo socrático, diremos que esas gentes no sólo ignoran, sino que además ignoran que ignoran. Ciertamente, jamás podríamos conocernos a sí mismos, sin la auto-observación seria y profunda. Pero en tanto un sujeto cualquiera siga considerándose como “uno”, es claro que cualquier cambio interior será algo más que imposible”.

En tanto un hombre prosiga con el error de creerse uno, único, individual, es evidente que el cambio radical será algo más que imposible. Incuestionablemente, esta falta de unidad psicológica en el humanoide, es la causa de tantas dificultades y amarguras. El cuerpo físico sí es una unidad completa y trabaja como un todo orgánico, a menos que esté enfermo. Empero la vida interior del humanoide, en modo alguno es una unidad psicológica.

Lo más grave de todo esto, aún a despecho de lo que digan las diversas escuelas de tipo pseudo-esotérico o pseudo-ocultista, es la ausencia de organización psicológica en el fondo íntimo de cada sujeto. Ciertamente, en tales condiciones, no existe trabajo armonioso en la vida interior de las personas. El hecho mismo de que el trabajo no es externo, sino interno, y quienes piensen que cualquier manual de urbanidad o sistema ético externo y superficial, les puede llevar al éxito, están de hecho, totalmente equivocados.

El hecho concreto y definitivo de que el trabajo íntimo empiece con la atención concentrada, con la observación plena de sí mismos, es motivo más que suficiente como para demostrar qué esto exige un esfuerzo personal, muy particular, de cada uno de nosotros. Hablando francamente y sin ambages, aseveramos en forma enfática lo siguiente: ningún otro ser humano podría hacer este trabajo por nosotros. No es posible cambio alguno de nuestra psiquis, sin la observación directa de todo ese conjunto de factores subjetivos que llevamos dentro.

Dar por aceptada la multiplicidad de yoes descartando la necesidad de estudio y observación directa de los mismos, significa de hecho, una huida de sí mismo, una forma de auto-engaño. Sólo a través del esfuerzo riguroso que implica la observación juiciosa de sí mismos, sin escapatorias de ninguna especie, podremos evidenciar, realmente, que no somos uno, sino muchos. Admitir la pluralidad del yo y evidenciarla a través de la observación rigurosa, son dos aspectos diferentes. Alguien puede aceptar la doctrina de los muchos yoes sin haberla jamás evidenciado, porque esto último sólo es posible auto-observándose cuidadosamente.

Rehuir el trabajo de observación íntima, buscar evasivas, es signo inconfundible de degeneración. Mientras un hombre sustente la ilusión de que es siempre una y la misma persona, no puede cambiar, y es obvio que la finalidad de este trabajo es, precisamente, lograr un cambio gradual en nuestra vida interior. La transformación radical es una posibilidad definida que normalmente se pierde cuando no se trabaja sobre sí mismo. El punto inicial de ese cambio radical permanece oculto mientras el hombre continúe creyéndose uno.

Cuando pensamos que somos uno, no podemos movernos de donde estamos, permanecemos estancados, y por último degeneramos, involucionamos. Cada uno de nosotros se encuentra en determinada etapa psicológica, y no podremos salir de la misma, a menos que descubramos, directamente, a todas esas personas o yoes que viven dentro de nuestra persona.

Es claro que mediante la observación íntima, podemos ver a las muchas gentes que viven en nuestra psiquis y que necesitamos eliminar para lograr la transformación radical. Esta percepción, esta auto-observación cambia fundamentalmente todos los conceptos equivocados que sobre sí mismos tenemos, y como resultado evidenciamos el hecho concreto de que no poseemos verdadera individualidad.

Mientras no nos auto-observemos, viviremos en la ilusión de que somos uno, y en consecuencia nuestra vida será equivocada. No es posible relacionarnos bien con nuestros semejantes, mientras no se realice un cambio interior en el fondo de nuestra psiquis. Cualquier cambio íntimo exige la eliminación previa de los yoes que llevamos dentro. De ninguna manera podríamos eliminar tales yoes, si no los observamos en nuestro interior.

Aquéllos que se sienten uno, que piensan de sí mismos lo mejor, nunca aceptarán la Doctrina de los muchos, ni tampoco desean observar los yoes, y por lo tanto, cualquier posibilidad de cambio se hace en ellos imposible. No es posible cambiar si no se elimina. Más quien se siente poseedor de la Individualidad, si aceptase que debe eliminar, ignoraría realmente qué es lo que debe eliminar. Empero, no debemos olvidar que quien cree ser uno, auto-engañado cree que sí sabe lo que debe eliminar, mas en verdad ni siquiera sabe que no sabe, es un ignorante ilustrado.

Necesitamos desegoistizarnos para individualizarnos, mas quien cree que posee la individualidad, es imposible que pueda desegoistizarse. La Individualidad es Sagrada en un ciento por ciento. Raros son los que la tienen, mas todos piensan que la tienen. ¿Cómo podríamos eliminar yoes, si creemos que tenemos un Yo  único?. Ciertamente, sólo quien jamás se ha auto-observado seriamente, piensa que tiene un Yo único. Empero, debemos ser muy claros en esta Enseñanza, porque existe el peligro psicológico de confundir a la Individualidad auténtica con el concepto de alguna especie de Yo Superior, o algo por el estilo.

La Individualidad Sagrada está mucho más allá de cualquier forma de yo; la Individualidad Sagrada es lo que es, lo que siempre ha sido y lo que siempre será. La legítima Individualidad es del Ser, y la razón de ser del Ser, es el mismo Ser. Distíngase entre el Ser y el yo. Quienes confunden al yo con el Ser, nunca se han auto-observado seriamente.

Samael Aun Weor

Zona Arqueológica de Tula


Tula zona arqueologicaTula la ciudad fue fundada por Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl, soberano que dio gran prosperidad a la región, misma que se vio truncada debido al enfrentamiento entre seguidores del dios Quetzalcoatl y Tezcatlipoca, dioses tremendamente enfrentados en la mitología azteca.

Finalmente los seguidores del dios nocturno, Tezcatlipoca expulsaron a los Toltecas que profesaban su creencia hacia la serpiente emplumada, y tuvieron que emigrar por el sur hacia el golfo, hasta llegar a la península de Yucatán. Allí fundaron ciudades como Chichén Itzá, nombre que alude a la fusión de los itzaes y los chichimecas, origen este último del pueblo Tolteca.

Hay que considerar que Tollan fue edificada de distinta forma que Teotihuacan, ya no era la gran ciudad sobre una vasta llanura sin defensa alguna, la ciudad se levantaba sobre una colina, la cual era mucho más fácil de defender. Una de las cosas más impactantes de la Zona Arqueológica de Tula Hidalgo México, son sin duda alguna los famosos Atlantes, figuras colosales de piedra que nos invitan a la guerra contra sí mismos.

Su nombre deviene de la palabra náhuatl Atlatl, arma que sostienen en su mano derecha, que nos advierte de aprender a dirigir la lanza o fuego sagrado, en contra de nuestro enemigo secreto: El Yo Psicológico.

Interesante es que siendo guerreros se encuentren en la pirámide del Señor del Alba, nuestro Señor Quetzalcóatl, en su aspecto de Venus, el planeta del amor. Parece paradójico el hecho de juntar el amor con la guerra, mas a la luz de la sabiduría gnóstica entendemos que se trata de la guerra que debemos sostener en nuestro interior contra las fuerzas tenebrosas que habitan en uno mismo.

Uno de sus distintivos es la mariposa que se encuentra sobre su pecho, siendo esta región de acuerdo con el árbol de la vida, donde se encuentra Tiphereth, la mariposa misma al salir de una crisálida, nos indica la necesidad de morir para ser. Habla de crear el alma, pues no la tenemos encarnada, tan solo tenemos un embrión.

El mandil cubriendo los órganos creadores, expresa el sabio control de las fuerzas sexuales, de acabar con las pasiones animales, de rendirle culto al amor, de aprender a ver en la pareja la puerta secreta por la cual podríamos retornar al Edén. Remata un nudo a semejanza del símbolo del infinito indicando el saber guardar y canalizar estas fuerzas creadoras, el no desperdiciarlas para lograr nuestra liberación.

En las paredes de la pirámide están águilas y jaguares devorando corazones humanos, representación de la unión de lo humano con lo divino y frente a las columnas estaba un Chac Mool al igual que encontramos en la pirámide de los Mil Guerreros en Chichén Itzá. Los Atlantes de Tula, sin duda alguna son guerreros solares, con su sobrio semblante nos invitan a lanzarnos al campo de batalla de la vida diaria, a combatir cuerpo a cuerpo contra sí mismos, para que al salir victoriosos, podamos unirnos por siempre al Ser.

Doctrina gnóstica develada por Samael Aun Weor

El Gurú de los Gnósticos

 

¿Qué es un guru? ¿Qué sabe Él que no sepamos? ¿Cómo nos ilumina? 

En estos versos quizá podamos encontrar alguna respuesta que nos revele indicios o bien directrices que podamos seguir, para dilucidad nuestra ignorancia o podamos disipar la oscuridad que nos rodea al respecto.

Nací en la ignorancia más oscura, y mi guru, mi maestro espiritual, abrió mis ojos con la antorcha del conocimiento, le ofrezco respetuosas reverencias.

La palabra ajñana significa ignorancia u oscuridad.

Si apagásemos las luces de esta habitación, la oscuridad se haría patente de inmediato, por lo que no podríamos distinguir con exactitud dónde nos encontramos sentados los presentes. Todo se volvería confuso por la penumbra y la oscuridad. En forma similar, este mundo material es el lugar de tamas, la ignorancia, por lo que todos nos encontramos a oscuras. 

Este mundo o plano material por naturaleza es oscuro, por lo que necesita de la luz del sol o de la luna, o en su defecto de la luz producida por el hombre para poder iluminarlo. Sin embargo, hay otro mundo o plano, un mundo espiritual, que se encuentra más allá de esta oscuridad, más allá de la percepción de los sentidos y la mente.

Este mundo esta descrito en el Bhagavad Gita (15.6) así: En esa morada Suprema es auto-refulgente, por lo que no requiere de la luz del sol o de la luna. Cuando las almas la alcanzan no retornan a este mundo nunca más.

La función del guru, consiste en llevar a sus discípulos de la oscuridad a la luz. Todo aquel que more en este mundo, está sufriendo debido a la ignorancia. Por ejemplo, una persona se contagia de alguna enfermedad debido a su ignorancia de los principios de higiene y limpieza. Porque no sabe que puede o no contaminarlo o contagiarlo. Es probable, por ejemplo, que una persona acusada de realizar algún acto ilegal, alegue que no conoce la ley, sin embargo, eso no lo absuelve de responsabilidad.

En otras palabras, la ignorancia no es una excusa. Así como nuestra sociedad se rige por leyes y mandatos, la naturaleza también se rige por sus leyes y normativas, y estas actuaran aunque no las conozcamos, o las ignoremos. Por lo tanto, si llegásemos a hacer algo que rompa o altere las leyes y normativas, bien de la sociedad o de la naturaleza, sin duda tendremos que sufrir las consecuencias. Así es la ley. Si violamos la ley, bien sea una ley estatal o una ley de la naturaleza, nos arriesgamos a sufrir.

Por esa razón la función del guru también incluye procurar que ningún ser humano sufra en este mundo material. Nadie puede afirmar que no está sufriendo. Eso no es posible. En este mundo o plano material está sujeto a un continuo sufrimiento.

Es posible que suframos de angustia mental, o suframos debido a otros seres vivos hormigas, mosquitos o moscas , o puede que suframos debido a algún poder superior. Puede que no haya lluvias, o que haya una inundación. Puede que haya excesivo calor o excesivo frío. La naturaleza impone muchísimos tipos de sufrimientos. 

Entonces podríamos preguntar por qué sufre la entidad viva. La respuesta es: por ignorancia. Ella no piensa: “Estoy actuando mal y llevando una vida contraria a mi real naturaleza; por eso estoy sufriendo. En consecuencia, la primera tarea del guru consiste en rescatar a su discípulo de esa ignorancia. Nosotros enviamos a nuestros hijos al colegio para salvarlos del sufrimiento.

Si nuestros hijos no reciben educación, tememos que hayan de sufrir en el futuro. El guru ve que el sufrimiento se debe a la ignorancia, la cual se asemeja a la oscuridad. ¿Cómo puede salvarse alguien que está a oscuras? Mediante la luz. El guru toma la antorcha del conocimiento, y la presenta ante la entidad espiritual corporificada que está envuelta en la oscuridad. Ese conocimiento la libra de los sufrimientos ocasionados por la oscuridad de la ignorancia.

Doctrina Gnóstica

El maestro tiene la espada flamígera el discípulo no

 

Espada flamigeraHay una diferencia fundamental entre aquellos que ya han logrado la unión con el ÍNTIMO, o sea, los maestros, y los que aún no han logrado todavía esa unión, esto es, los discípulos. El maestro tiene la espada flamígera; el discípulo todavía no la tiene.

La espada flamígera da al maestro un poder terrible sobre todos los elementales de la naturaleza. Ante esa espada que arroja fuego y llamas, tiemblan todas las poblaciones elementales de la tierra, del agua, del aire y del fuego.

El maestro puede actuar sobre millones de elementales vegetales simultáneamente. El discípulo no tiene ese poder, porque aún no ha recibido la espada flamígera. El discípulo debe ser minucioso y exacto con el ritual de una planta, para que el elemental de esa planta le obedezca.

El maestro no necesita ni siquiera tocar la planta, puede actuar sobre el elemental de ella a remotas distancias, porque el elemental de la planta tiembla de terror ante la espada flamígera del maestro. El maestro con solo desenvainar su espada, se hace obedecer de millones de elementales en un momento dado. 

El discípulo no puede actuar sobre varios elementales a un mismo tiempo; tiene que actuar sobre cada elemental vegetal por separado, practicando alrededor de cada planta, el rito de la magia elemental.

El maestro puede ordenarle a su intercesor elemental, realizar determinados trabajos de magia elemental, y el intercesor obedecerá, porque tiembla de terror ante la espada flamígera del maestro. El discípulo, como todavía no posee la espada, tampoco tiene el poder de mandar a su intercesor elemental.

Samael Aun Weor

Cuando comimos del fruto prohibido y fuimos expulsados del Edén, se resguardó su entrada con una espada ardiendo (Génesis 3:24).


Luz

 Hágase la Luz, y la Luz fue hecha esto no es algo que corresponde a un pasado remotísimo, ¡no! este tremendo principio, que se estremecía con el primer instante, no cambia de tiempo jamás, es tan eterno como toda eternidad, debemos tomarlo como una cruda realidad de instante en instante, y de momento en momento.

Recordemos a GOETHE, el gran Iniciado Alemán; antes de morir sus últimas palabras, fueron: ¡Luz, más Luz!, y murió.

Goethe está ahora reencarnando en Holanda, tiene cuerpo físico; pero esta vez, no tiene cuerpo físico masculino, ahora tiene cuerpo físico femenino, y está casado con un Príncipe holandés; ahora es una dama holandesa de alta alcurnia, es muy interesante eso, ¿verdad?.

La luz está en el principio de toda Creación; no sólo en la forma en que se relata en la Biblia sino en casi todas las cosmogonías de las distintas culturas y hasta en las teorías científicas que tratan del origen y la evolución del Universo. Siendo, pues, un elemento tan primordial, no puede extrañar que tenga una gran importancia en la vida cotidiana de cualquier ser humano.

La luz adquiere un carácter simbólico en el inconsciente colectivo de los hombres. Pero, además de como símbolo, buscamos esa luz por pura necesidad biológica.

Samael Aun Weor



12 septiembre, 2025

La fórmula exacta del helecho macho

 

HelechoEn la «Botánica oculta» atribuida a Paracelso, encontramos un gravísimo error en la página 183 del libro, en relación con la magia del Helecho macho; esa fórmula está errada. Y creemos que esos errores no fueron jamás escritos por Paracelso. Dichos errores son únicamente de sus intérpretes, sucesores y traductores, pues Paracelso es todo un Maestro de sabiduría, y quienes lo hemos tratado sabemos muy bien que él no fue culpable de los errores de sus intérpretes.

La fórmula exacta del helecho macho en la siguiente: En la noche de San Juan Bautista, o sea el 23 de Junio a las doce de la noche (víspera de San Juan), operarán mágicamente con el helecho macho, tres personas.

Dichas personas se deberán encaminar al lugar donde está el helecho macho, y deberán ir perfectamente bañadas y vestidas, y perfumadas como si fuesen a una boda o a una buena fiesta.  Pondrán junto al helecho macho un fino paño extendido en el suelo. Dicho paño deberá ser preparado mágicamente con sahumerios de hojas de laurel, verbena y anamú. 

Después de haber sahumado ese paño con el humo de esas hierbas, se bendicen con agua bendita dándole tres pases en cruz. Enseguida se perfuma con esencia de rosa fina y con esencia de heliotropo y agua de colonia. 

Los asistentes deberán guardar castidad y haberse limpiado de larvas astrales; deberán pues, practicar magia sexual y no cohabitar jamás en la vida. La limpieza se realiza con baños de la planta llamada Mano de Dios, o Lengua de Baco. Al operar el mago, hará un circulo en el suelo alrededor de la planta; dicho círculo se trazará con una vara de la misma planta. Esta planta tiene asombrosos poderes mágicos para ahuyentar a los magos de las tinieblas. No hay mago negro que pueda resistir los latigazos de la planta llamada Mano de Dios. Con dicha planta se pueden expulsar las malas entidades de las casas. 

En esta noche de San Juan, los magos de las tinieblas atacarán terriblemente a los operarios para impedir que éstos puedan coger las semillas del helecho macho. El que logre coger esas semillas se llenará de suerte y de fortuna, el dinero le sonreirá por todas partes, y se llenará de felicidad; los negocios se le realizarán triunfalmente, y todo el mundo le envidiará por su fortuna. 

Estas semillas sólo se encuentran el día señalado, a las 12 de la noche, y debajo de las raíces de la planta. Los asistentes deberán repartirse estas semillas amistosamente, y sin disgustos ni ambiciones. Cada cual deberá cargar sus semillas entre un frasquito, o mejor entre una bolsita verde colgada al cuello. 

El polvo de la raíz del helecho macho es bueno para expulsar la solitaria. Se toman diez gramos de ese polvo entre ciento veinticinco gramos de agua. Transcurrida una hora, se tomará un purgante. 

Samael Aun Weor  del libro "Tratado de Medicina Oculta y Magia Practica" Capítulo 18-2. Estudio y Ejercicio de la Magia Elemental