Los conocimientos astronómicos de los adoradores del Sol, allá por el año de 1250, antes de la conquista de los Incas, eran casi tan altos como los de los aztecas de la época, o de los egipcios de la antigüedad. Ellos sabían del movimiento del Sol, que en su lenguaje se llamaba Inti, y de la luna, Mama Quilla.
Conocían los puntos cardinales y su orientación: Chincha, Norte; Colla, Sur; Anti, Oriente; y Cunti, Occidente, para determinar los equinoccios en forma exacta, tenían un sistema muy simple y por lo mismo admirable para su tiempo.
Sencillamente usaban un cilindro sin techo, hecho de piedra, de más o menos 18 metros de circunferencia y ocho metros da altura, con una puerta de entrada. Este cilindro constituía un observatorio astronómico y un lugar exclusivamente para la adoración al Sol.
Cuando el Sol se encontraba próximo al cenit, los sacerdotes encargados de la observación ritual, entraban por una puerta al cilindro; otros, quedaban en el exterior; y en el momento en que el Sol alumbraba totalmente el fondo del cilindro y no proyectaba ninguna sombra afuera ni adentro, era la hora Cero, o sea el paso del Sol del Hemisferio Norte, el 21 de marzo y viceversa, el 23 de septiembre.....
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